Rafael Fuentes

Dr. en Ciencias Económicas y Empresariales @RafaFuentesGarc

Ya está bien

El otro día estábamos en el almuerzo mensual del Foro Marqués de Nájera, donde nos reunimos desde hace más de 20 años una serie de "amigos turísticos", cuando salió el tema de los nombramientos de los cargos técnicos en las instituciones públicas.

 

En dicha mesa todos los asistentes, entre los que me incluyo, estábamos de acuerdo en que los cargos técnicos en organismos o empresas públicas relacionadas con el turismo, deben ser desempeñados por profesionales que tengan experiencia y conocimiento en el sector turístico.

 

Cosa tan simple, tan obvia, tan evidente, en 2017… ja ja ja… pues no se cumple.

 

Entendíamos que son muchos los argumentos a tal postura. Unos decían que desde que se incorporan hasta que aprenden de gestión turística, han pasado tres años y medio, y los otros seis meses lo dedican a la próxima campaña electoral; otros que a nadie se le ocurriría tomar esa decisión si la empresa fuera suya; y otras reflexiones es mejor no escribirlas aquí, pero que todos os imagináis.

 

Se siguen nombrando en cargos técnicos a personas que no tienen ni puta idea del sector turístico y, claro está, hay que enseñarles, hay que explicarles, hay que presentarles, hay que escribirles sus discursos… hay que decirles que un TTOO no es un "Turista Temporalmente Ocioso y Obeso" sino que es un Touroperador… y, claro, lo que es un Touroperador.

 

Cuando escribo sobre esto, siempre me acuerdo de una graciosa anécdota que presencié con mi hermano Fernando Reina, cuando en la World Travel Market (WTM) de Londres de hace unos 15 años se firmaba un convenio de no me acuerdo qué, entre el Director General de Turismo y el responsable del Touroperador Thomas Cook. Al final del mismo, el entonces Director General de Turismo, que venía de… la verdad es que tampoco me acuerdo de dónde venía, pero no del turismo, dijo en perfecto andaluz:

 

"Señor Tomás Cú, creo que esto que hemos firmao, va a ser mu bueno".

 

A lo que el técnico de la Consejería que estaba al lado, le dijo al oído que el señor Cú hacía unos 100 años que se había muerto, y que el que estaba a su verita era el señor Becher, el CEO del Touroperador. La respuesta, según nos contaba después el técnico, era de esperar:

"¿Y eso del 'ceo' qué es lo que es?"

 

Perdón, que me ido de lo que quería exponer.

 

Decía que en ese almuerzo un servidor defendía que los puestos técnicos en instituciones públicas deben ocuparse por técnicos en esa materia. En eso coincidíamos todos. Lo que no coincidíamos era cuando decía que veía a dos responsables en esa forma de actuar. 

 

Primero, a quien lo nombra, sabiendo que no es especialista en la materia.

 

Segundo, a los representantes del sector turístico, que se callan en público su cabreo por dichos nombramientos y lo critican ferozmente en privado.

 

Si en el siguiente nombramiento para un puesto meramente técnico, se nombra a alguien que no tiene ninguna experiencia en dicho campo, haciéndose por únicos motivos "políticos" (sé de lo que hablo porque además soy militante de un partido político), y los representantes del sector turístico lo critican en los foros públicos y medios de comunicación, creo que a partir de ahí, se terminarán ese tipo de nombramientos.

 

Mientras tanto, sigo creyendo que hay dos responsables: el Consejero/a de turno, por el nombramiento, y los/as representantes del sector, por su silencio.

 

De esta forma son muuuuuchos los puestecillos en distintos organismos turísticos de toda España que están dirigidos por veterinarios, enfermeros, filólogos, historiadores… y, sobre todo… por fontaneros.

 

Pero eso no sólo pasa únicamente en los puestecillos de baja alcurnia, que dado su presupuesto e incidencia podríamos hasta pasarlo, es que sucede hasta en la principal empresa turística de nuestro país.

 

Si hay alguna actividad turística desde la vertiente pública que tiene un demostrado valor, esa es la de Aena, que es propiedad mayoritaria de todos los españolitos y españolitas, al ser el 51% de las acciones del Estado.

 

Déjame recordarte, que Aena tuvo un beneficio de 1.164 millones de euros en el último año, un 40% más que en 2015. Aena es la undécima mayor empresa española, con 32.000 millones de euros en capital bursátil (no es que yo sea muy listo, es que viene en la web). Su importancia está muy por delante de empresas como el Sabadell, el Popular, Bankinter, Mapfre, ACS, Acciona, Meliá Hoteles, Red Eléctrica Española. Por ponerte un ejemplo, Aena es igual de grande que la unión de Unicaja, Sacyr, NH Hoteles y Obrascon.

 

Pues bien, todo esto estaba bien, hasta que ha dejado de estar bien. Y fue precisamente a partir de que Iñigo de la Serna (aunque no te suene de nada, es el Ministro de Fomento) se hiciera cargo de dicha responsabilidad… eso sí, de forma irresponsable.

 

Y digo esto por dos motivos:

 

Uno. Soy de la opinión de que el Estado no debe desprenderse de los sectores estratégicos de la economía española. Creo que podemos estar de acuerdo que la gestión del transporte aéreo es una actividad estratégica. Además, si en contra de lo habitual, es una actividad que aporta cientos de millones de euros a la enferma economía nacional, varias alegrías en una.

 

Dos. Nombra como Presidente y Consejero Delegado de Aena a Jaime García-Legaz, que no se le conoce trayectoria turística, salvo que hace dos o tres viajes al año. No me cabe la menor duda que el señor García-Legaz será una magnífica persona, buen padre de familia y mejor esposo, y que tendrá un brillante currículo, pero será en el sector comercial. Leo en la noticia de prensa de su nombramiento que ha sido Secretario de Estado de Comercio y que actualmente es Presidente de Cesce (que tú no sabes lo que es, pero yo sí, porque lo he mirado en internet. Es la Compañía Española de Seguros de Crédito a la Exportación). De turismo y aviación, nada de nada.

 

Pero lo peor de todo no son los nombramientos de fontaneros en instituciones turísticas, o el sinsentido económico-estratégico de la venta de Aena, o del nombramiento por motivos "no profesionales" de su nuevo presidente. 

 

Lo peor de todo es que ante todo esto, ¿qué pasa? Pues pasa lo que tenía que pasar en nuestro país… que no pasa nada. Somos un país de pasotas en la acción y de criticones en los bares.

 

Que yo sepa, ni partidos políticos, ni asociaciones empresariales, ni colectivos sociales, ni tú que estás leyendo esto, habéis dicho algo tan simple como "por favor, ya está bien".

 

Tampoco sería decir tanto.

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