Rafael Fuentes

Dr. en Ciencias Económicas y Empresariales @RafaFuentesGarc

Vendrá

Vendrá, no me cabe la menor duda que vendrá. Mi duda es si haremos algo para estar preparados para cuando llegue, o seguiremos con esa costumbre, tan nuestra, de no planificar casi nada. Llegó en muchos destinos turísticos, está llegando en algunos de los andaluces, pero seguimos mirando a otro sitio.

 

En 2015 llegaron a Andalucía unos 26 millones de turistas, el recién finalizado 2017 se ha cerrado con unos 30 millones. Sin coger ninguna calculadora, somos capaces de llegar a la conclusión de que en sólo tres años han llegado a nuestra región 4 millones de turistas más… sobre una pechá de turistas que ya teníamos.

 

Para entendernos. En estos tres años han llegado adicionalmente tantos turistas más, como si uniéramos a todas las criaturitas que vivimos en las provincias de Almería, Córdoba, Huelva y Jaén, más las ciudades de Sevilla y Málaga. Es decir, demasiados turistas más. 

 

Otro ejemplo: en 2017 llegaron a nuestra Andalucía 3,5 veces más turistas, que los andaluces y andaluzas que tenemos la suerte de vivir en esta tierra. Sí, sí, que a ti solito, solita, te tocan 3,5 turistas.

 

Y a estas alturas de mi reflexión, mis cinco fieles lectores se estarán preguntando qué es eso que vendrá. Pues el palabro de moda, la turismofobia, que lo podría definir como "estar hasta los cojones de tanto turismo".

 

Es cierto, que en determinadas fechas y en determinados lugares se concentra una gran afluencia de turistas. Andalucía es muy grande, pero los destinos turísticos más atractivos son pocos. Y a esos pocos destinos, veinte o treinta, es donde querrán ir la inmensa mayoría de los 31,5 millones de turistas que se estima visitarán nuestra región en este 2018.

 

Si te parece, hagamos una reflexión del pasado reciente, del próximo futuro y lo que estamos haciendo.

 

Del pasado reciente: hace pocos meses, la gran mayoría de los medios de comunicación, turísticos y generalistas, informaban que en Barcelona, según sus vecinos, el turismo se había convertido en el problema más grave de la ciudad, relegando al segundo puesto el paro y las condiciones laborales, que encabezaban la lista desde 2008. No es una reflexión de alguien, es la conclusión de un estudio realizado sobre la opinión de los residentes y recogido en el barómetro semestral del Ayuntamiento de Barcelona.

 

También es conocida la respuesta ciudadana en otras muchas ciudades, que ya han dicho "basta" a esa afluencia masiva en determinados meses: Mallorca, Ibiza, San Sebastián, el centro de Madrid… Conocemos situaciones donde los alquileres se han disparado a unos 1.200 euros por un pisito de 75 metros, debido a la presión de "cambiar" pisos de alquiler, por Viviendas con Fines Turísticos. Y claro, con un suelo de 1.500 euros al mes, difícilmente se puede pagar 1.200 sólo en alquiler.

 

No estoy diciendo que esto esté pasando sólo en España, para nada. Es un fenómeno, como la esencia del turismo, globalizado, y se está produciendo en los principales destinos turísticos de Europa.

 

De esta forma, muchas ciudades están sufriendo ya el "rechazo al turismo"… y se pusieron a actuar. Algunas acciones pueden parecer serias, otras de risa, pero se han puesto a actuar. De las serias, Barcelona aprobó una medida que paraliza la apertura de nuevos hoteles en las zonas más turísticas de la ciudad y están limitando la existencia de alquileres vacacionales. Mallorca fijó un número máximo de plazas de alojamiento, la misma medida de tope máximo lo hicieron Ibiza y Menorca, señalando el Gobierno balear que en los próximos años estos cupos podrían verse reducidos. 

 

De las que no parecen tan serias (déjame que aquí ponga un par de ejemplos de ciudades italianas): la alcaldesa de Roma diseñó la organización de los recorridos turísticos por dónde tenían que ir los turistas para evitar que se detuvieran, comieran y se bañaran en monumentos, o que el Gobierno de Florencia planteó dispersar a manguerazos a los turistas que se sentaran en las escalinatas de las plazas y de las iglesias. A tanto no habría que llegar, pero es una opción.

 

Del próximo futuro: casi todos, casi todas, habéis estado en Fitur, y algunas, algunos, habéis estado en los foros de debate sobre el futuro turístico que se organizan de forma paralela con la feria, que todo el mundo dice que odia, pero que nadie se pierde.

Pues en todos esos sitios han salido los palabros "turismofobia" y otro más feo todavía, "turistificación". No voy a entrar en sus diferencias (porque todavía no me he enterado bien cuáles son), pero lo que sí está claro es que desde el macro foro de Exceltur, hasta en las mesas redondas de Aecit, o en las cervezas relajadas en las barras de bar, en todos sitios se hablaba de que debemos tener cuidado con la expansión sin planificación, de la falta de control en las llegadas, de tener como objetivo el número de turistas y pernoctaciones y olvidarnos de lo importante, los ingresos y los empleos de calidad generados.

 

En el señalado foro de Exceltur, la primera mesa redonda estaba compuesta por el secretario general de la OMT, el ministro de Turismo y de no sé qué más de España, la presidenta del World Travel & Tourism Council, el presidente de IFEMA y la directora de Desarrollo de la OCDE, y todos hicieron una especial referencia al cuidado que debemos tener para no provocar esa turismofobia en nuestros destinos, que debemos fijar la capacidad de carga de las ciudades y debemos planificar el futuro de la competitividad turística del 2020 ahora.

 

En definitiva, que el control de la masificación será un elemento clave para quienes quieran tener un papel protagonista en los destinos de referencia de la próxima década. Por ponerte sólo un ejemplo, la CNN recomienda no viajar a Barcelona en 2108, debido a la turismofobia.

 

¿Y qué estamos haciendo nosotros?

 

Nada.

 

No sigo, y no es porque me esté quedando sin espacio, es que simplemente no estamos haciendo nada. O mejor, nada de nada. 

 

Y es en esta época de bonanza turística, conociendo la problemática situación de otros destinos parecidos a los nuestros, cuando las viviendas turísticas se están expandiendo sin control, cuando en los foros de debate se plantea claramente que va a ser un gran riesgo para nuestras ciudades, cuando está ya llegando a destinos andaluces eso de "estar hasta los cojones de los turistas",… cuando estamos viendo las barbas de nuestro vecino cortar, es cuando debemos ponernos nosotros a trabajar… y no estamos haciendo nada.

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