Rafael de la Fuente

Profesor invitado de la universidad de Cornell

Tourists, don’t go home!

El pasado 19 de agosto publiqué en un conocido diario de la provincia de Málaga un artículo titulado 'Turistas'. La repercusión que ha tenido y el interés con el que lo han recibido los lectores, tanto de la edición en papel como de la digital, me sorprendieron muy gratamente. Incluso me emocionaron algunos de los mensajes. Por lo tanto, pensé que debería publicar ese texto también en las siempre hospitalarias páginas de Andalucía Única. No en vano es ésta la publicación especializada en temas turísticos decana de nuestra región.

'Turistas' fue enviado a La Opinión de Málaga unas diez horas antes de los trágicos atentados de Cataluña.

Cuando me llegaron las primeras noticias, leí de nuevo el texto por si hubiera sido necesario cambiar algo del contenido, ya a la vista de aquellos terribles acontecimientos. Al final no lo toqué. Ni una coma. En realidad aquellas palabras estaban mas justificadas que nunca.

Viandantes y turistas, y no pocos niños entre ellos, llegados de los cuatro puntos cardinales del planeta, corrieron juntos para salvar sus vidas en aquella siniestra tarde del 17 de agosto. Por Las Ramblas de Barcelona, una de las calles turísticas más frecuentadas de Europa.

Corrían huyendo de aquellos obscenos verdugos, enemigos sin piedad de la inteligencia y la decencia. Es decir, de todo lo que nos confiere la condición de seres humanos. Una vez más fue aquello un ritual tan cruel como sacrílego, escenificado en un hermoso y pacífico espacio urbano que merecía mejor destino que el de ser lugar de martirio de unos inocentes.

No es la primera vez que esto ocurría en nuestra Europa.

Y todos sabemos que tampoco será la última.

He aquí el texto.

Turistas

Es verdad que ya vamos quedando pocos de los que tuvimos el inmenso privilegio de haber vivido en primera fila y desde sus comienzos aquel milagro español. Y por supuesto, cada vez seremos menos. Nuestra frágil vida terrenal es así.

Por eso, no sería aceptable el silencio o el mirar hacia otro lado en ciertos momentos. Pues también es verdad que fue un milagro la creación, a partir de cero, sin medios y sin ayudas, de una pujante industria turística internacional en España. Admirada y respetada en todo el mundo.

Incluso la presencia, demasiado frecuente, de vergonzosos episodios de corrupción o de casos de urbanismo depredador y salvaje en nuestras costas españolas no debe empañar la brillantez de una ejemplar y sobre todo muy rentable socialmente  hoja de servicios del turismo a España y a los españoles durante más de medio siglo.

Aquellos tiempos portentosos fueron posible sobre todo por la capacidad de trabajo y la ilusión y la fe en unos tiempos mejores de cientos de miles de trabajadores, profesionales y empresarios. Los de antes y los de ahora.

Es verdad que en ciertas ocasiones hemos sufrido unas obscenas dosis de codicia, unidas a actuaciones institucionales lamentables. De las que todos hemos sido víctimas. Sin paliativos.

Pero también es verdad que nuestra sociedad y muy especialmente  nuestros medios de comunicación y nuestros tribunales de Justicia han sido generalmente un eficaz contrapeso, pues han sabido cumplir ejemplarmente su misión correctora ante desmanes y abusos.

Los que participamos entonces en esa ya larga e inolvidable aventura del turismo español sabemos que podemos mirar el futuro con confianza y optimismo.

Unas nuevas generaciones, excepcionalmente bien preparadas, han tomado ya el relevo. Lo están haciendo muy bien. Por supuesto mucho mejor de lo que lo hicimos nosotros. Por todo ello nos ha sorprendido a mas de un veterano de aquella larga marcha los recientes episodios en algunas ciudades de España escenificando el rechazo a la presencia de turistas en nuestras calles y en nuestras plazas. Con la bandera del absurdo y casi infantil exhorto del 'Tourists go home', tan bochornoso como ingrato.

Por supuesto, es obvio que ahora nos están pasando factura los errores cometidos en el pasado. Generalmente  cometidos por dirigentes institucionales inexpertos y desconocedores de todo lo que es básico en una de las industrias más fecundas por su capacidad de creación de empleo y riqueza del planeta.

Pero convertir una respetable y justificada crítica a la saturación de algunos importantes núcleos urbano o al mal uso y abuso de los mismos por unos "hooligans" impresentables, mal llamados turistas, en una llamada a las barricadas puede llegar a ser el caldo de cultivo de una novedosa y daltónica  patología social. Patología que está teniendo muy escasa aceptación en  Andalucía, tradicionalmente tierra sabia y desde  antiguo habitada por personas inteligentes y hospitalarias.

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