Rafael de la Fuente

Profesor invitado de la universidad de Cornell

Thomas Cook,  el primer agente de viajes de la historia

El turismo, probablemente el fenómeno socio-económico más interesante de la modernidad –y hoy convertido en una de las industrias más importantes y pujantes del planeta– sería impensable sin dos figuras fundamentales: los agentes de viajes y los hoteleros. He tenido el privilegio de conocer ambas actividades a través de mi trabajo profesional. Y en ambas he tenido unos espléndidos maestros. Uno de ellos fue don Juan José Alcayaga Illán, el inolvidable director durante la década de los sesenta y los setenta de la sucursal malagueña de la agencia de viajes Wagons-Lits//Cook. Enamorado de Málaga y de la filosofía del buen vivir andaluz, este "gentleman" donostiarra dedicó lo mejor de sus conocimientos y de su sabiduría a esta tierra, Andalucía. Que siempre sintió como suya. Injustamente olvidado, fue uno de los grandes maestros que hicieron posible que Málaga y Andalucía se convirtieran en una potencia turística mundial.

Los dos años que trabajé a sus órdenes siguen siendo una de mis experiencias formativas más importantes. Wagons-Lits//Cook era entonces la agencia de viajes internacional con más sucursales en todo el mundo. Había nacido de la unión de dos grandes empresas: la primera, Wagons-Lits, conocida desde 1883 como la Compañía Internacional de los Coches Camas y los Grandes Expresos Europeos, protagonista imprescindible de la gran historia del turismo internacional. La otra empresa fue Thomas Cook & Son Ltd. La primera agencia de viajes de la historia –lo fue en el tiempo y en su trascendencia- fundada en 1841 en la ciudad inglesa de Leicester. En este lugar vamos a detenernos. Me decía don Juan José Alcayaga que el turismo, como la mayoría de los deportes, fue una invención británica del siglo XIX. Tenía razón. El hecho de que uno de mis hijos residiera en Leicester con su familia me permitió conocer bien el lugar donde Thomas Cook puso la primera piedra de su imperio dedicado al turismo y a los viajes.

Leicester tiene orígenes muy antiguos. ‘Civitas’ romana importante, como lo prueban sus yacimientos arqueológicos. En la Inglaterra medieval, fue la capital de los dominios del Rey Lear. Y también sede de los Obispos de Mercia. A una veintena de kilómetros de la ciudad, en los campos de Bosworth, tuvo lugar en agosto de 1485 aquella batalla que cambió radicalmente el rumbo de la historia de Inglaterra. La derrota y la muerte de Ricardo III en el campo de batalla entregó el trono a su rival Enrique VII y a la Casa de Tudor.

El descubrimiento el 25 de agosto de 2012 de los restos mortales de un hombre enterrado hacía muchos siglos bajo el cemento del aparcamiento de los empleados de los servicios sociales del Ayuntamiento de Leicester fue algo que en principio pasó desapercibido. Aquel esqueleto, bastante bien conservado (aunque incompleto, pues le faltaban los pies), probablemente era todo lo que quedaba del Rey Ricardo III, duque de Gloucester, el último monarca de la dinastía de los Plantagenet. Las técnicas más avanzadas de la patología forense terminaron confirmando la identidad de aquellos restos humanos. Imagino que a Thomas Cook le hubiera encantado aquella historia si la hubiera conocido. El hallazgo y la identificación final de los reales despojos de Ricardo III, finalmente enterrados con los honores debidos a un rey de Inglaterra en la catedral de Leicester el 25 de agosto de 2015, le permitió a la ciudad escalar puestos en el ránking de los grandes destinos turísticos británicos.

Como el Rey Ricardo III y su némesis Enrique VII, Thomas Cook también dejó su huella. Fue el pionero de un fenómeno social que sigue estando presente en la mayoría de los rincones del planeta: el turismo. Todo empezó aquí en Leicester. Un 5 de julio de 1841. Cuando Thomas Cook, un activista infatigable en la lucha contra la lacra del alcoholismo, organizó un viaje en tren para 570 miembros de la Temperance Society de Leicester, favorables a la moderación en el consumo de alcohol. Los primeros turistas de la historia. No lo sabían. Pero estaban a punto de inaugurar una época insospechada y apasionante en la que lugares como la lejana y agreste España tendrían un papel determinante.

Thomas Cook nació en Melbourne, Derbyshire, en 1808. Falleció en Leicester en 1892,en la época de mayor pujanza del Imperio Británico, en la que se convirtió en uno de sus símbolos. A la edad de 10 años tuvo que abandonar la escuela. Desempeñó varios trabajos modestos, incorporándose en 1828 a la Iglesia Baptista, en la que llegó a ser un eficaz predicador. En 1841 convenció a la Midland Counties Railway Company de que organizara un servicio especial de trenes entre Leicester y Loughborough para los participantes en un encuentro en la segunda ciudad de los miembros de la Temperance Society, previsto para el 5 de julio. Fue un éxito. A nadie antes se le había ocurrido algo parecido. La empresa ferroviaria pondría a partir de ese momento sus trenes al servicio de los viajes en el Reino Unido de Thomas Cook y sus clientes. En 1855 organizó una excursión a París, con motivo de la Exposición Universal de ese año. Sus siguientes excursiones tuvieron como marco los países de la Europa continental, más interesantes para los viajeros británicos.

Más adelante, los servicios de sus agencias se ampliarían a todo aquello que pudiera facilitar los desplazamientos de sus clientes. Medios de transporte, guías, reservas individuales, "forfaits", información especializada, cambio de moneda, traducciones, incluso el servicio de correos entre Inglaterra y Egipto. En 1860 ya dejó de acompañar personalmente a sus grupos de turistas. Al acercarse el final de su vida en 1892 pasó su negocio, ya convertido en una gran empresa internacional, a su único hijo, John Mason Cook. Me emocioné la primera vez que vi, en el centro de Leicester, el edificio que había albergado las oficinas primigenias de Thomas Cook & Son. Edificio celosamente protegido en la actualidad como lo que es: una parte muy importante del patrimonio colectivo de la ciudad de Leicester y sus habitantes.

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