Rafael Fuentes

Dr. en Ciencias Económicas y Empresariales @RafaFuentesGarc

¡Que vienen los ‘simpa’!

Así es, se propagan los que no quieren pagar. Bueno, entendamos una cosa, ninguno queremos pagar, pero pagamos. A lo máximo que podemos llegar es a disimular que no hemos visto en la cuenta ese Gin Tonic, que nos hemos tomado, y se le ha olvidado apuntar al camarero.

A lo que me estoy refiriendo es a aquellos que no quieren pagar, y no pagan porque no les sale de los cojones.

Son múltiples los ejemplos de estos cientos de caraduras (hijos de... mala madre). Desde algunos muy refinados, hasta otros que te tronchas de la risa de lo rudimentarios que son.

Pero no es broma, ya hay destinos turísticos que cuantifican en millones de euros las pérdidas generadas por estos cabrones, que quieren hacer el agosto, a costa de quienes hacen el agosto. La diferencia es que unos lo hacen ilegalmente y otros legalmente y a base de esfuerzo y trabajo.

Hay "simpas simples" y "negocios de simpas". Los primeros lo toleramos; lo que no es tolerable es lo que ya se está produciendo en Benidorm, según el artículo de Alfredo Pascual en El Confidencial, que me pasó Pepe Prado, y que tengo que confesar que no sabía de su existencia (no la de Pepe, sino lo que cuenta Alfredo).

Entre los primeros, es decir, los de toda la vida de pícaros profesionales, podemos recordar:

• Los que se van del establecimiento diciendo que van a fumar un cigarrillo fuera… y tan fuera, que sales a los tres minutos a ver por dónde están, y no te encuentras ni la colilla.

• Los que se traen un par de cucarachas desde casa (los cabrones tienen un criadero) y las sueltan en la habitación, llamando a recepción, liando una pajarraca tremenda, y no te queda más remedio que invitarlos a la semana que habían reservado en el hotel.

• Los que son capaces de echar, literalmente, pelos a la paella para que le salga gratis la comida.

• O los más novedosos, que te dicen que la habitación o la comida ha estado muy mal, y que te van a poner un "cero" en Booking y Tripadvisor, (que es como "mentar a la bicha"), por lo que negocias cobrarles menos y que no te pongan comentario alguno.

Podríamos seguir, pero tenemos poco espacio.

Lo que no es pasable, es inadmisible, es lo que está pasando a otros niveles. Esos que quieren hacer sangre con el negocio de otros. Entre esos pícaros innovadores, verdaderos ingenieros del engaño, en fino, o verdaderos hijos de puta, en andaluz, están los siguientes:

• Los "simpa, sinónimo de sinvergüenzas", que quieren hacer negocio en base a no pisar el hotel. Hacen una "falsa reserva", por ejemplo, ocho habitaciones para un fin de semana, y te pide que cargues el importe total a su tarjeta. Una vez realizado el cobro, anulan la reserva y piden que la devolución del dinero se efectúe en otra cuenta distinta. Si picas, te han engañado: un tiempo después te informan que la primera tarjeta era robada y tienes que devolver el dinero cobrado en la reserva. Claro, el dinero se lo has devuelto y lo que tú tienes es una cuenta sin fondos.

• Hace poco en Barcelona un matrimonio fue acusado de estafar más de 31.000 euros en distintos hoteles de lujo. Eran ladrones profesionales que tenían como "explicación" para tal desfalco, que les habían robado. La caradura no tiene límites.

• Otro perla se alojaba en hoteles de lujo como si fuera un "marajá" consumiendo todo tipo de artículos de lujo (que no pagaba, claro, pidiendo que se lo añadieran a la cuenta). Dejó de pagar más de 20.000 euros. El granuja lo que hacía era, y atiende porque te puede pasar a ti, reservar a través de webs aportando una tarjeta... sin fondos, y como consumía como si fuera Amancio Ortega, se gastó esos miles de euros, hasta que un recepcionista avispado lo descubrió y acabó esa noche en vez de en la junior suite, en el camastro del calabozo.

Pero lo que ya no es de recibo, es la nueva "moda de estafar al sector turístico":

• En la ley de protección del consumidor de Reino Unido se señala la capacidad de denunciar un servicio hasta tres años después de haberlo utilizado. ¿Os imagináis un anuncio en el metro de Londres, Mánchester o Birmingham, donde puedas leer "¿Unas malas vacaciones? Llámenos, conseguiremos su dinero de vuelta"?, pues existe. Sí, el Sr. Smith reclama en representación de un turista a cambio de un porcentaje sobre el éxito de la reclamación. En este caso, este Sr. Smith, o el grupo de abogados, se pone en contacto con el touroperador y ya te imaginas quién paga al final. Según señala Alfredo Pascual, su estrategia, se ha "asalvajado" en los últimos meses: peinan las redes sociales en busca de ingleses que hayan subido una foto de sus vacaciones y les envían mensajes privados. Les prometen que sus vacaciones van a salirles gratis. Los turistas no pagan nada, tan sólo firman lo que el abogado les da y esperan a ver qué sucede. En el mejor escenario les devuelven su dinero, en el peor se quedan como están.

• Otro hecho inadmisible, y aterrador, es que se ha hecho habitual ver por calles de Benidorm (todavía no en las costas andaluzas), unas llamativas furgonetas que incitan a denunciar; "Claim today, ask for details". Actúan presentando a los británicos un formulario estándar que informan de una supuesta enfermedad (normalmente gastroenteritis) y su consecuente indemnización. A pesar de que la estancia media de los británicos en Benidorm es de 800-1.000 libras, siempre se demanda por valor de 6.000 que se destinan a las minutas legales.

Algunas veces se coge al cabroncete, cabrón o cabronazo (según el grado de engaño), y puede acabar en la cárcel… pero la inmensa mayoría de las veces, o hacemos la vista gorda, o nos engañan.

Me gustaría acabar esta reflexión en lo que nos dicen los informes de diferentes destinos turísticos y es que los turistas son más "exigentes y reclaman más”. Al carajo las conclusiones de esos informes, lo que yo entiendo es que demasiados tienen una jeta que se la pisan y saben que a base de denunciar, pueden encontrarse con un up grade, con una cena gratis, con una noche adicional gratis o con la súplica del director de que no volverá a pasar… y que los invita a una mariscada.

Algunos amigos turísticos que han sufrido esas reclamaciones dicen que se propaga como el sarampión año a año, y que este verano volverán ejércitos de caraduras pidiendo "lo que sea, y con cualquier excusa".

Si pasamos a cuantificar esos "graciosos y escandalosos engaños", estamos hablando que esa gentuza está generando unas pérdidas adicionales en hoteles y restaurantes de diez o veinte millones de euros.

Mucho dinero, demasiado dinero. Muchos pícaros, demasiados cabrones.

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