Rafael de la Fuente

Profesor invitado de la universidad de Cornell

Por las Sierras de Jaén

He regresado muchas veces, en primavera o en otoño, a aquella tierra de frontera. Las sierras de las Villas, Segura y Cazorla. A Bienservida y el retablo del siglo XVII de la iglesia de san Bartolomé. En la visita anual para presentar mis respetos a don José Cuenca.

Recordarán ustedes que don José, embajador de España, jugó un papel importantísimo en su calidad de embajador acreditado en la antigua Unión Soviética, en los complejos años de la transición política de aquel país. Lo cuenta don José en un libro apasionante destinado a aquellos que deseen conocer bien la reciente historia de Europa: 'De Suárez a Gorbachov'.

Es bien sabido que nuestro embajador, con el que España y los europeos tenemos contraída una importante deuda de gratitud, es también un preclaro e imprescindible escritor, además de cervantista ilustre. No me canso de recomendar a mis amigos que lean 'La noche de bodas', 'La sierra caliente', 'Encuentros de un embajador con don Quijote' y 'Sierras, perdices y olivares', libro que recordaba con especial afecto mi buen amigo el maestro granadino Justo Navarro. Todos ellos son hermosas historias de amor.

Amor total del autor por las gentes y los tesoros guardados en las sierras y en los caseríos del Parque Natural de Cazorla, Segura y las Villas, en los que ejerce don José Cuenca ante el mundo entero como un admirable e incansable embajador plenipotenciario.

Recuerdo la luz cenital de un reciente mediodía, diamantino y caliente, como corresponde a la estación, caminando sierra arriba con don José y unos buenos amigos a lo largo del río Borosa. Es el antiguo río Aguas Negras, primer afluente de importancia que nutre al Guadalquivir, recién nacido en fase de animoso riachuelo cristalino, a unos pocos kilómetros de allí.

Nos hablaba don José de los neveros de los Campos de Hernán Perea. Hernán Pelea para los serranos, de donde vienen las aguas del Borosa, el Aguamulas y el Segura, amén de otras corrientes más.
Con sus rápidos,cascadas, pozas y ensenadas, el río vertebra lugares de una insospechada riqueza. En el escalafón tienen lugar de honor las hermosísimas truchas del Borosa, que los buenos pescadores como don José Cuenca atrapan a mosca y cucharilla. Antiguamente se hacía con las grillas –una especie de saltamontes autóctono- que deambulan por las riberas. En el tramo sin muerte, las truchas se devuelven vivas a las aguas del río.

Otra especie de gran valor es la lagartija de Valverde, que corretea, negra y roja, por las rocas calentadas por el sol. Las aneas alternan con la yerba del ballestero. Su savia ponzoñosa se untaba en la punta de las flechas. Sin olvidar la raíz del brezo. Se la llevaban los ingleses para hacer las cazoletas de unas pipas perfectas. O la suave y absorbente jarestepa (cistus laurifolius),que la naturaleza en su generosidad ofrecía a los caminantes para reponer el decoro momentáneamente perdido ante apremiantes llamadas corporales.

Pero el rey de aquel paraje es el boj. Y con su madera amarillenta, dura y compacta, los cuchareros de la sierra esculpían las cucharas más hermosas y duraderas del mundo. Todo el que conserve una de esas cucharas, perfecta como una columna del Partenón, debe saber que atesora algo que no tiene precio. El último de los antiguos maestros cuchareros falleció hace tiempo.

Paramos con don José y su esposa, doña Carmen, para reponer fuerzas en Los Monteros, la acogedora hospedería de don Mariano Franco Cuadros, enclavada sobre las aguas del Borosa. Mariano es un experto taxidermista y maestro en las artes de la caza, sobre todo en las modalidades en las que esa ciencia se libera de engorrosas ataduras administrativas. Es también personaje destacado en la bibliografía del embajador. Confieso que me impresionó. Sobre todo cuando le conté que yo había trabajado durante muchos años en el mundialmente famoso Hotel Los Monteros de Marbella. Entonces me confesó que no sabía que hubiera en Andalucía otro establecimiento que llevara el mismo nombre que su casa.

Espléndido don Mariano, benévolo y sabio soberano de uno de los últimos paraísos terrenales.

Comentarios

    No hay ningun comentario.

Deja tu comentario

Para poder dejar un comentario debe ser usuario registrado. Crea una cuenta o inicia sesión