Rafael Fuentes

Dr. en Ciencias Económicas y Empresariales @RafaFuentesGarc

Mejor, sin Ministro

En diciembre de 2015 se celebraron elecciones al gobierno de España, fueron las duodécimas elecciones desde la Transición a la democracia, y las primeras que parecen que se van a eternizar.

Desde septiembre de dicho año, observamos como el Ministerio de Turismo de nuestro país dejó de funcionar, el ministro y sus cargos de confianza estaban más preocupados de seguir en el gobierno, que de hacer el trabajo por el cobraban. Llevamos ya más de un año sin Ministro de Turismo, sin ninguna iniciativa turística a iniciativa del Gobierno central... y lo que nos puede quedar.

¿Y qué ha pasado en este último año? La respuesta es clara: nunca se ha producido un crecimiento turístico mayor que el que hemos tenido en este último año.

Sí, estoy afirmando que sin gobierno turístico nunca nos ha ido mejor.

Por lo tanto, una primera conclusión es que los datos nos confirman que el que "nos vaya bien, o nos vaya mal", en turismo, no depende de la acción de un gobierno u otro, sino que depende de cientos de factores económicos, monetarios, bélicos, sociales, de las acciones que el sector privado desarrolle, de estrategias empresariales globalizadas, de modas... y, también, de la política turística.

Incluso, si algún estudioso del turismo analizara los datos turísticos de los últimos treinta años en una tesis doctoral, podría concluir que sin ministro, el turismo en España iría mucho mejor.

Hagamos un poco de historia política.

José Manuel Soria anunció en abril, después de más de seis meses de "inacción", que renunciaba como titular del Ministerio de Industria, Energía y Turismo, tras hacerse pública su relación con los llamados papeles de Panamá y su participación en empresas familiares radicadas en paraísos fiscales. El señor Soria negó esa evidencia durante más de una semana; dijo que todo era mentira, pero en los periódicos pudimos ver los documentos que evidenciaban que todo aquello era cierto, por lo que nos quedamos sin ministro en funciones, que en mi opinión, en aquella época, ni era ministro ni tenía funciones.

Y hagamos un poco de historia turística de lo que ha pasado en este último año:

• El número de viajeros alojados en establecimientos turísticos reglados en España (hoteles, pensiones, apartamentos turísticos, camping y casas rurales) fue un 8% mayor que en el año anterior 2015.

• El número de pernoctaciones realizadas en establecimientos turísticos reglados en nuestro país fue un 7,4 mayor.

• El número de llegadas a los aeropuertos nacionales subió en un 10 % con respecto al mismo periodo del año anterior.

• El ingreso por habitación disponible, RevPar, subió, ni más ni menos, que un 10,8% en los hoteles de nuestro país.

• Según Exceltur, la gran patronal turística, "el verano de 2016 se cerró con un balance turístico excepcional".

• Exceltur llega incluso a afirmar que el verano de 2016 difícilmente será "replicable".

• El PIB turístico, según estimaciones empresariales, crecerá el doble que el PIB general, con unos aumentos del 4,5% de media.

• Se habrán generado casi 90.000 empleos turísticos más que en el mismo periodo del año anterior.

Y dejemos ya de hacer historia.

Lo que dicen los números es que sin ministro de Turismo, el turismo ha ido mucho mejor que cuando teníamos ministro de Turismo. Bonita paradoja digna de reflexión.

Si bien es cierto que el último ministro de Turismo no era "apasionado" de nuestra principal actividad generadora de empleo y riqueza (es más, le importaba bien poco, ya que cuando le leíamos alguna declaración era sobre Industria), sí que era el último responsable, o irresponsable, según se mire, de la misma.

El mensaje que quiero transmitir es que no es cierto -o en lenguaje de mi barrio, que es mentira- que cuando el turismo vaya bien dependa del buen trabajo del concejal, consejero o ministro de Turismo, o de la concejala, consejera o ministra, obviamente.

Pero también debemos tener bien claro que cuando las cosas empiecen a ir peor, o en lenguaje técnico, "que los crecimientos interanuales se desaceleren", no será "culpa" del responsable político de turno.

Creo que en nuestro país, o en nuestro pueblo, tenemos una percepción demasiado simple de los resultados turísticos, intentando culpar a la administración turística cuando las cosas van mal. Y también creo que existe un autobombo excesivo de esos responsables políticos convocando ruedas de prensa para transmitir lo que va bien, haciéndose una auto adjudicación de que esos resultados es gracias a su excepcional gestión.

Ni una cosa, ni otra.

No caigamos en falsas y simples lecturas de que el devenir de la actividad turística depende de una de las partes que intervienen en el desarrollo de la misma. Los resultados, buenos o malos, dependen de todos, de todas, y, por lo tanto, nadie debe pensar que tiene un papel primordial en dicha evolución.

Cada uno de nosotros tenemos nuestras responsabilidades y cada uno de nosotros ponemos nuestro grano de arena para que esto funcione mejor o peor, y seguro que nadie tiene más del 1% de la competencia final en los resultados globales.

Que nadie se adjudique los beneficios obtenidos de un crecimiento turístico, y que nadie culpe de los descensos de determinados indicadores turísticos a un único actor. Cualquiera de esas dos versiones sería una visión miope y analfabeta de la realidad del funcionamiento de la estructura turística.

Sería como afirmar que sin ministro de Turismo, como nos ha pasado en el último año, todo funciona mucho mejor... aunque así haya sido.

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