Rafael de la Fuente

Profesor invitado de la universidad de Cornell

La Escuela Hotelera de la Universidad de Cornell

En la primavera de 1975 se celebraron en Madrid, con la tutela de la Escuela Hotelera de la Universidad de Cornell unas jornadas destinadas a la ampliación de formación y conocimientos de los directivos de nuestros hoteles. Fueron las primeras de la historia de nuestro turismo. Sería el comienzo de una larga y fecunda colaboración entre la industria turística de España y la prestigiosa escuela hotelera norteamericana, vinculada a una institución muy notable en muchos aspectos. La Universidad de Cornell, miembro de la famosa Ivy League, el grupo que reúne las más prestigiosas universidades de los Estados Unidos, fue fundada en 1865. Hoy figura en el ránking de las 500 mejores universidades del mundo. En una destacada posición que confirma su sólida y reconocida excelencia académica.

Tuve el honor de colaborar con la universidad en la organización de esas históricas jornadas para los hoteleros españoles en 1975, año crucial en la historia de España. Y por ello puedo manifestar que el éxito de esa experiencia no hubiera sido posible sin la ayuda, el trabajo y el entusiasmo de un muy ilustre hotelero español, muy conocido en la Costa del Sol malagueña: don Santiago Payo. Además del apoyo del antiguo Ministerio de Información y Turismo y la Asociación Nacional de Directores de Hoteles de España. Desgraciadamente nuestro buen amigo don Santiago Payo ha fallecido recientemente. Su relato hubiera superado fácilmente en interés y en brillantez estas modestas líneas.

Recuerdo mi primer y siempre grato contacto con mis amigos de Cornell, en aquella primavera de 1974. Me había matriculado en un curso diseñado para gestores de hoteles internacionales en el Statler Hall. Statler Hall es como también se conoce en Estados Unidos a la Escuela de Administración de Hoteles de la Universidad de Cornell. Había varios hispanoamericanos en el seminario. Yo era el único español. Una gran responsabilidad. Fueron unos días de los que no se olvidan,los pasados en aquel campus modélico. Muy cerca de la agradable ciudad de Ithaca, en el centro del estado de Nueva York. Con sus atractivos anticuarios en la calle mayor, donde todavía se podían adquirir muebles y objetos decorativos del estilo Early American a precios bastante razonables.
 
El decano de la escuela, el "Dean" Robert A. Beck, me llamó una mañana a su despacho. Allí me esperaban otros miembros de la facultad, entre ellos el que sería mi maestro, el profesor de Economía y Marketing William H. Kaven, mi buen amigo Bill Kaven. Regreso hoy, siempre con emoción, a las lineas que leí entonces en el diploma (que ilustra este breve artículo) y que me entregó personalmente con un apretón de manos el Dean Beck: "Por la presente certificamos que Rafael de la Fuente ha servido a la Escuela de Administración de Hoteles de la Universidad de Cornell como Profesor Invitado. Hacemos constar el alto aprecio de la Escuela y sus estudiantes por su interés, sus esfuerzos y su ayuda". Llevaba la firma de Robert A. Beck. Un inmenso honor.

En la España durísima de la posguerra, la lucha por la supervivencia no dejaba mucho espacio para dar una oportunidad razonable a las inquietudes de los jóvenes de la época. En aquel día en Cornell, para aquel modesto principiante de hotelero, el recibir esa distinción en una de las escuelas hoteleras más importantes del mundo y de las manos de un gran hombre como Robert Beck, fue algo que hasta el día de hoy me sigue dando vértigo. Aquel maestro, al que la industria turística mundial debe tanto, había sido un joven soldado en la Segunda Guerra Mundial. En la que no pocos norteamericanos lucharon para liberar a Europa y a Asia de tiranías terribles. Robert Beck participó, como teniente de artillería,en el desembarco de Normandía. En una playa sangrienta,conocida con el código secreto de Utah Beach, pisó las arenas de una Francia que anhelaba su libertad. Fue en la madrugada del 6 de junio de 1944 su bautismo de fuego. Cumplió su deber con heroísmo y honor. Perdió una pierna en la batalla. Recibió tres condecoraciones norteamericanas por destacados méritos de guerra, entre ellas el Purple Heart. Dedicó su vida a la escuela de hostelería en la que se había formado. A la que hizo grande. Desde abril de 2003, con la jubilación ya muy cercana, comencé a firmar como profesor invitado de la Universidad de Cornell todos mis artículos sobre turismo en esta querida y prestigiosa revista, Andalucía Única.

También recuerdo que aquella estancia en Estados Unidos coincidió entonces con el escándalo político del Watergate, el que obligó al entonces presidente Richard Nixon a dimitir en agosto de 1974. Fue una experiencia apasionante. Sus mentiras y sus prácticas corruptas habían sido investigadas y denunciadas por dos valientes jóvenes periodistas norteamericanos del Washington Post: Bob Woodward y Carl Bernstein. Recuerdo que muchos americanos de entonces se preguntaban si un político conservador y hasta entonces muy respetado, como Nixon, con experiencia, brillante y astuto, pero en el fondo probablemente un ser amoral, podría ser un buen presidente. La respuesta era casi siempre negativa. Ahora parece que de nuevo no pocos americanos se están haciendo esa misma pregunta. Ahora el personaje presidencial en cuestión es un magnate inmobiliario, con pretensiones de llegar a ser un gran caudillo planetario.

Por cierto, todo esto me recuerda mis consejos a los jóvenes alumnos de las escuelas de hostelería de Málaga (La Cónsula) y Benalmádena (La Fonda) en las que comencé a trabajar hace casi un cuarto de siglo: "Para ser un buen profesional hay que ser también un buen ciudadano. Sin ética, el éxito profesional simplemente no es posible". Desde aquí doy las gracias a los maestros que me enseñaron esto hace ya mucho tiempo.

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