Rafael de la Fuente

Profesor invitado de la universidad de Cornell

La ciudad turística de Blackpool y sus lecciones

En la historia del turismo británico, la ciudad de Blackpool tuvo unos comienzos espectaculares. Fue la pionera indiscutible de lo que ahora conocemos como un resort de vacaciones, ocio y turismo. Tuvo en sus inicios un papel muy importante, con una influencia notable tanto en la configuración de la industria turística en la Europa continental como en la de Gran Bretaña. Estaba situada la Blackpool primigenia en un bucólico y hermoso rincón de Inglaterra. En el condado de Lancashire, en la bella costa que bordea el Mar de Irlanda. Su popularidad se consolida a partir de finales del siglo XVIII, cuando el científico británico Willliam Hutton divulgó los efectos beneficiosos para la salud de los baños de mar.

La proximidad de prósperas poblaciones y comarcas del Norte de Inglaterra, protagonistas destacadas de la potente revolución industrial británica de la época victoriana, definió para siempre el futuro de Blackpool. Esa proximidad hizo posible que aquel modesto caserío se convirtiera a lo largo del siglo XIX y la primera mitad del XX en un emporio del turismo de masas. Sus paseos marítimos, sus "piers" espectaculares, sus lugares de diversión y sobre todo la Tower, la famosa copia junto a la playa de la torre Eiffel parisina, hicieron de aquel lugar la meca indiscutible del turismo británico durante casi dos siglos. 

Eso sí, no todo el mundo deseaba visitar Blackpool: para algunos se convirtió en un símbolo de lo que nunca se debería haber permitido en una maravillosa zona costera. 

Es obvio que la ciudad empezó a ser especialmente vulnerable a partir de la década de los cincuenta, ante la fortísima competencia que representaron para el famoso resort las flamantes y tentadoras ofertas vacacionales de las costas españolas e italianas. En realidad todos los intentos sucesivos de Blackpool para recuperar mercados tuvieron poco o nulo éxito. La creciente fascinación de los turistas británicos por las exóticas costas mediterráneas, cada vez más cercanas, convirtió aquellos intentos en batallas perdidas.

Hoy Blackpool es de nuevo noticia. Parece que lo único que le queda a sus sufridos habitantes es el recuerdo y la añoranza de otras épocas que se fueron para no volver. Ahora Blackpool sufre las consecuencias de ser una de las diez ciudades menos atractivas del Reino Unido. Sus problemas sociales y económicos representan un auténtico quebradero de cabeza para el gobierno británico y sobre todo para George Osborne, el Chancellor of the Exchequer.

Para desesperación del ministro de Economía de Su Majestad Británica, el futuro de Blackpool, la antigua joya de la diadema del turismo inglés, es cada vez más oscuro. Las estadísticas confirman que los habitantes de esta otrora hermosa ciudad son cada vez más pobres, tienen peor salud y además tienen una expectativa de vida inferior a la media nacional (5 años). Todo lo contrario a lo que está ocurriendo en lugares de Inglaterra como Manchester o Sheffield. Sin olvidar que mientras Blackpool se hunde, sus jóvenes más preparados se ven obligados a emigrar a otras regiones del Reino Unido.

Es obvio que Blackpool y su industria turística están peligrosamente cerca de convertirse en un destino turístico irrelevante y degradado. No es la primera que eso ocurre en el mundo turístico. Ni será la última. Es indiscutible que Blackpool logró, a través de una sucesión de políticas equivocadas, convertirse en su enemigo más peligroso. Podíamos leer recientemente en el prestigioso semanario 'The Economist' ('A coastal town they forgot to close down', 19.3.2016) que Blackpool ofrece hoy en día un paisaje urbano que es "casi cinematográficamente desolador", una mezcla de Coney Island y Detroit. No obstante, Jill, una pensionista residente en Blackpool, que sigue siendo fiel a la desafortunada ciudad, se resistía: "Hemos visto días mejores. Pero todavía tenemos maravillosas puestas de sol".

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