Rafael de la Fuente

Profesor invitado de la universidad de Cornell

El Refugio del Juanar de Ojén, un hotel en la memoria

En otoño de 2010, en Australia, en la ciudad de Sidney, el codiciado premio internacional de las Naciones Unidas a las prácticas turísticas más respetuosas con el paisaje y el medio ambiente fue concedido a la malagueña Mancomunidad de Municipios de la Sierra de las Nieves. Este premio, que se une al prestigioso Premio Edén, ya otorgado por la Unión Europea a la Sierra de las Nieves, lleva el aval del Skal International, la asociación mundial de profesionales del turismo. Ambas distinciones confirmaron que la Sierra de las Nieves, una de las joyas de la Andalucía turística, tiene bien merecido no sólo su creciente prestigio mundial como parque natural, sino también el honor de haber sido catalogada como Reserva de la Biosfera por la Unesco.

Nada de esto me sorprendió. Como en su día no me sorprendió la noticia de la llegada en aquel mes de junio de 1970 del general Charles de Gaulle y su esposa al Refugio del Juanar en Ojén. No me sorprendió tampoco la decisión del que fue uno de los más importantes estadistas del siglo pasado y hasta hacía muy poco tiempo el presidente de la República Francesa: quiso terminar el general sus memorias y también descansar en aquel hermoso rincón de la Andalucía mediterránea, en unos parajes aun más bellos que los de la francesa Córcega.

En 1965 el antiguo pabellón de la reserva de caza de los Larios, levantado en 1906 en plena Sierra Blanca, en las estribaciones meridionales de la Sierra de las Nieves y a media hora de las playas de Marbella, fue convertido por el Estado Español en un parador de turismo. Un pequeño paraíso que nos deslumbró a los que tuvimos la oportunidad de asistir a su inauguración. Tuve desde sus comienzos una intensa colaboración con ellos, de la que siempre guardaré un gratísimo recuerdo. Fue eso posible gracias a mi trabajo entonces en una muy activa agencia de viajes de Marbella, sucursal de la legendaria Viajes Málaga, empresa pionera del turismo de la Costa del Sol, fundada en los finales de la década de los años cincuenta por unos conocidos empresarios malagueños: don Manuel Utrera Molina y don Ramón Utrera Maresca.

Era imposible no sentirse fascinado por el parador. Un lugar que confirmaba, hace ya medio siglo, que en España se había aprendido rápido y bien. Y que además se sabía ya hacer cosas importantes, turísticamente hablando. Cuando el general de Gaulle y su esposa tuvieron que regresar a Francia quisieron dejar al personal del parador un testimonio de su afecto y su gratitud a unas personas que tanta felicidad y hospitalidad les habían dado. Cuando el ilustre huésped pidió la factura de su estancia, le informaron que no podrían atender sus deseos. El general de Gaulle era invitado de honor del Estado Español. Todavía se puede ver en la recepción del Refugio del Juanar la fotocopia enmarcada del cheque que por 50.000 pesetas extendió el ilustre huésped para los empleados del hotel. Por supuesto, con cargo a su cuenta privada. Aquella cantidad, muy respetable entonces, fue una forma elegante de dar las gracias a aquellos admirables y amables profesionales del parador.

No hace mucho visitó Marbella, en compañía de su esposa y su hija, el que fuera uno de los grandes hoteleros norteamericanos del siglo pasado, Malcolm D. Williams. Su esposa, doña Susana Warner Williams era la hija del mítico Robert Warner, el creador de la primera asociación de grandes hoteles de la historia. Tuve el grato deber de organizar un almuerzo para ellos. No era una decisión fácil. Ambos conocían muy bien España y sus hoteles. Como nunca habían estado en el Refugio del Juanar, pensé que la visita a ese lugar, excepcional en todos los sentidos, sería una buena idea. En un mundo donde hoy en día la mayoría las hoteles se clonan entre sí, el Refugio de Ojén, por su solera y por su sabor andaluz, podía ser una experiencia muy especial para ellos. Y así fue. Dijeron que siempre llevarían en su memoria y en su corazón una decena de hoteles inolvidables. El Refugio del Juanar sería uno de ellos.

A mediados de los años 80 la dirección nacional de Paradores anunció el cierre del Juanar, ya que los resultados económicos de su explotación aparentemente no eran satisfactorios. Una decisión que fue como mínimo poco inteligente. Como pronto se demostraría, la rentabilidad del hotel era un objetivo alcanzable.

Afortunadamente para todos, los trabajadores del Juanar idearon alternativas al cierre del refugio. Constituidos en una cooperativa y con la ayuda de la Diputación Provincial de Málaga consiguieron que durante muchos años los dejaran gestionarlo, ampliarlo y mejorarlo. Fue una buena decisión para Málaga y su pujante industria turística. Y así hasta el pasado mes de junio. De nuevo desde instituciones públicas el Estado, con un curioso daltonismo ético, nos amenaza con el cierre de una institución turística indispensable. Pues ésta lo es, como símbolo de que no todo es masificación en las costas españolas y sus aledaños. No quisiera para el Juanar un final como el que tuvo el viejo Hotel Santa Clara de Torremolinos, el Castillo del Inglés, uno de los más bellos enclaves del Mediterráneo. Simplemente borrado en 1974 de la faz de la tierra por la codicia y la ignorancia de tirios y troyanos.

Desde estas modestas lineas, debo una vez más aplaudir y animar a mis buenos amigos, los ejemplares trabajadores del Refugio del Juanar. En sus manos vuelve a estar el destino del maravilloso lugar donde se ganan el pan de cada día, haciendo grande a su tierra andaluza. Sin olvidar la salvaguarda de un activo valiosísimo para España y su industria turística.

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