Rafael de la Fuente

Profesor invitado de la universidad de Cornell

El aeropuerto de Gibraltar

Un gran destino turístico es inimaginable sin una buena planta hotelera. Igualmente ocurriría sin la proximidad de un aeropuerto internacional que ofrezca los niveles de seguridad y de idoneidad que la aviación comercial internacional exige. Muchos en nuestra Costa del Sol ignoran que hasta 1959 nuestro primer aeropuerto internacional, con unas prestaciones técnicas adecuadas para la navegación aérea comercial, no fue el de Málaga. Fue el de nuestros vecinos de Gibraltar.

Hasta esa fecha, hace ahora algo más de medio siglo, el aeropuerto de Málaga, que desde la Guerra Civil llevaba el nombre del comandante Joaquín García Morato, tenía importantes limitaciones para el tráfico aéreo. El obstáculo fundamental era el no contar con una pista asfaltada con la longitud necesaria para los despegues y los aterrizajes de las aeronaves dedicadas en aquella época al transporte de viajeros. Aparte de los problemas de una gran vulnerabilidad ante situaciones de meteorología adversa, que obligaban al cierre del aeropuerto y el desvío de los vuelos, como una elemental medida de seguridad para viajeros y tripulaciones.

La primera linea aérea extranjera que, a mediados de la década de los años cincuenta, opera vuelos a la Costa del Sol, con horarios y frecuencias programadas, fue la BEA, la British European Airways. Ofrecía vuelos desde Londres a Gibraltar, directos o con escalas en Madrid, con una frecuencia diaria. Algo absolutamente extraordinario en aquellos años. Los vuelos eran operados principalmente con un excelente avión turbo-hélice británico de aquella época, el Viscount. Además la BEA no sólo canalizaba el tráfico de los turistas británicos hacia la Costa del Sol. A través del aeropuerto de Londres, recogía pasajeros para la Costa del Sol que hacían transbordo en la capital británica en sus aviones, provenientes de Amsterdam, Dublín, Copenhague, Oslo o Estocolmo.

Una vez llegados a Gibraltar, los viajeros se dirigían a los diferentes hoteles de la Costa en autobús. El famoso BEA Road Service de la época, con sus elegantes autocares ingleses pintados de verde oscuro. Que resultaban de un lujo asiático, comparados con los que teníamos en este lado de la frontera. Y al volante teníamos aquellos legendarios chóferes gibraltareños o "llanitos", famosos por su pericia y sangre fría para enfrentarse a las curvas y a los baches de una carretera de nada fácil recorrido. Al final del largo e incómodo viaje, los pasajeros, en su mayoría británicos, llegaban a su hotel, que podía estar en Torremolinos, Estepona o en Marbella o Fuengirola. Pueblos blancos y luminosos junto al mar y al pie de unas sierras espectaculares. Torremolinos –donde todo comenzó- destacaba ya entonces como el objeto del deseo de unos viajeros con unas claras apetencias de vivencias mediterráneas.

En 1959 culminaron los trabajos en la flamante pista de vuelo asfaltada del aeropuerto de Málaga, que se amplía hasta los 2.000 metros. La dotación al aeropuerto malagueño de excelentes ayudas para la navegación aérea, totalmente puestas al día, homologan técnicamente al aeropuerto con los más importantes de Europa. Y a partir de ese momento, no habría ningún problema para el aterrizaje de los aviones más avanzados de aquella ya lejana época: los Convair Metropolitan, los DC-4, los Lockheed Super Constellations, los Vickers, los Bristols, los De Havilland, los Viscounts o los Comets. Entrando resueltamente en la primera división del turismo internacional, la Costa del Sol contaría con un aeropuerto que se convertiría en uno de los mas importantes y frecuentados de Europa.

En cambio, el aeropuerto de Gibraltar, al que siempre agradecimos los importantes servicios prestados a nuestro turismo durante aquella ya lejana época, vería sus posibilidades de desarrollo muy limitadas por las realidades geo-políticas de su entorno. De todas formas, nunca está de más reiterar nuestra gratitud tanto a los entonces responsables como a los técnicos de aquel hospitalario y vecino aeropuerto de Gibraltar. Sin ellos el éxito fulgurante del turismo de la Costa del Sol hubiera sido más lento y por supuesto, inicialmente, menos espectacular.

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