Almuerzo en Restaurante La Plata Casa Matilde

El último viernes del pasado mes de julio, como ya se suele hacer desde hace varios años, la Academia Gastronómica de Málaga visitó un Merendero en la playa. Se suele aprovechar que comienzan muchos académicos sus vacaciones para celebrarlo, un poco alejados del protocolo habitual, y desearnos felices vacaciones.

En esta ocasión, la comida fue en un pueblecito de la Axarquía, Benajarafe Costa, perteneciente al municipio de Vélez-Málaga. Una localidad cargada de historia. Existe la teoría, aún no demostrada, de que la ciudad griega de Mainake debió haber estado cerca, al menos próxima al río Vélez.

Por el prefijo Ben, que los musulmanes lo utilizaban para crear patronímicos, tenemos que remontarnos a esta época para descubrir el significado de este topónimo. Hay dos teorías que lo explican aunque en el fondo el significado es casi el mismo.

Para algunos historiadores, Benajarafe proviene del árabe Ben ash-Sharif que se traduce como "hijo de la altura" y para otros proviene de Bina´ash-Sharaf traducido como "casa del otero": en ambos casos, hace referencia a una altura en la que debió establecerse una población. De hecho, la localidad actual se divide en Benajarafe Alto y Benajarafe Bajo o Costa. El Alto aún se sigue dedicando a la agricultura y el Bajo al turismo, sobre todo extranjero.

Testimonio de que al estar en alto fue aprovechado para defenderse de las muchas incursiones de piratas que asediaron, durante siglos, estas tierras, es su Torre Moya, torre gorda, así llamada por ser la torre mayor de toda la costa y desde ella se avisaba de la llegada de foráneos a la costa.

Ya en la costa, entre la carretera y la playa está situado el merendero, chiringuito, denominado 'La Plata Casa Matilde'. Preguntado a sus propietarios acerca del nombre se nos aclara que en principio se denominaba 'La Plata' porque aludía al color de los boquerones que se pescaban por esta zona y que luego, al pasar a los dueños actuales -son descendientes de los anteriores- se le añadió lo de 'Casa Matilde' para resaltar la importancia de la dueña en la gastronomía que se elaboraba en sus cocinas.
La familia propietaria de este establecimiento, según nos dicen y que pudimos comprobar en la comida, siempre se ha caracterizado por ofrecer al público pescado fresco y verdura de temporada recogida de las huertas cercanas, así como el aceite de la zona, concretamente de Valle Niza, localidad próxima que cultiva aceituna verdial de la que extraen el exquisito aceite.

De entrada, nos sorprendió que en las mesas había, de adorno, unas preciosas calabazas de variadas formas y colores, y que tras un buen rato de discusión entre los comensales acerca de si eran de cera o de plástico, el dueño nos aclaró que eran verduras cultivadas por ellos; su padre había traído la semilla de otro lugar de España, porque siempre fue un amante de esta verdura.  

Tras unas cervezas o vinos en la playa, bonitas sombrillas, con césped y a bastante distancia de la playa, mientras esperábamos a los compañeros, ya sentados, unas aceitunitas muy buenas y una rica ensalada de pulpo, marca de la casa, empezamos a degustar el menú, preparado para la ocasión.

Ensalada de pimientos asados con boquerones de la caleta: Exquisito plato, con boquerones blancos y de extraordinario sabor, sin duda aportado por el hecho de que los pimientos habían sido asados por ellos con leña de olivo. Sabor tradicional que los que nos hemos educado en tierras de olivares, recordábamos de cuando éramos niños y veíamos cómo nuestras madres asaban los pimientos de nuestras huertas, en leña guardada en el corral, tras la poda de los olivos.

Gambas de Málaga a la plancha: De las mejores gambas de nuestra bahía. Bien hechas a la plancha, sin pasarse y de exquisito paladar. Nada que envidiar a otros restaurantes de fama.

Sardinas a la parrilla: Sorprendente plato ya que llamó la atención de la mayoría de los comensales, acostumbrados, como es habitual, a comer las sardinas en espeto. Los dueños nos explicaron que ellos asaban las sardinas en la parrilla, tras hacer un buen rescoldo con leña, con la parrilla inclinada, lejos del humo y que no la espetaban para evitar que la grasita de la sardina se perdiese en el fuego y dejasen de estar jugosas. Muy buenas, sabrosas y de tamaño suficiente para ser degustadas. Extraordinarias.

Berenjenas con miel: De las huertas familiares, fritas con aceite de la zona y con buena miel de caña como manda la tradición de la zona desde que tenía fábricas de miel.  

Pimientos fritos: También de sus huertas, de tamaño ideal para ser fritos, bien hechos y de extraordinario sabor. En los platos de verduras, se nos dijo reiteradamente, que ellos solían poner de comer lo que daba el tiempo y que era lo mejor. Llevan y llevarán razón siempre.

Fritura de pescado variado: Una buena selección de pescado malagueño, muy bien frito, en su punto y que hacen gala de ese plato tan malagueño de nuestras costas.

Degustación de nuestro gazpachuelo malagueño: Se nos insistió que lo hacían al estilo de la casa, que su madre, Matilde, la que le da el nombre al restaurante, lo elaboraba al estilo tradicional de su familia con buenos y variados ingredientes, quizás un poco más líquido de lo habitual, pero que así lo preferían y que era del gusto de sus clientes.

Variados postres caseros: Todos de gran calidad, buena selección de frutas y muy bien combinados. Se les notaba que eran de elaboración casera. Exquisitos.

En cuanto a las bebidas, poco que agregar: buena cerveza y fresquita, como lo exigía el caluroso día, fresquita y bien preparada jarra de tinto de verano, un buen tinto Arienzo Marqués de Riscal y un buen blanco Vila Calera. Todos en su punto que maridaron muy bien con el menú servido.

Consultados los juicios y valoraciones de los académicos, todos coinciden en una buena y alta valoración de la comida y de la bebida, así como de la calidad de los mismos. La media que les dan todos es de sobresaliente. Se muestran contrarios a lo de colocar los platos al centro para que cada comensal se sirva, por lo incómodo que es y la de manchas que suele ocasionar. Les hubiese gustado unos cambios de platos para no mezclar sabores y un mejor servicio, sobre todo en el vino, pero todos coinciden en que es un merendero o chiringuito de cinco tenedores, digno de ser visitado con frecuencia. Después de un buen café y unas copas en la playa, nos despedimos hasta el próximo mes deseándonos felices vacaciones.

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