Juan Benítez Sánchez

Miembro de la Academia Gastronómica de Málaga

Almuerzo en ‘El Merendero’

Como cada viernes último del mes, los miembros de la Academia Gastronómica de Málaga, la más antigua de España en este ramo, nos reunimos para celebrar nuestra comida mensual, el pasado viernes 28 de abril de 2017.

En este caso nos citamos en un lugar tradicional en la Málaga más próxima a la Malagueta, la más que conocida Plaza de Toros de nuestra capital, en el tradicional restaurante conocido, hasta ahora, como 'Antonio Martín', cerrado al público desde hacía años, pero que ha reabierto, de nuevo, con el nombre de 'El Merendero'.

El actual propietario, Grupo Gorki, pretende convertir "el emblemático establecimiento en una especie de centro gastronómico y ofrecer diferentes propuestas pensadas para todos los públicos". Nos garantizan que en el plazo de un mes, estarán en condiciones de ofrecer una cocina tradicional andaluza y recuperar parte del histórico Antonio Martín, recuperando, incluso, algunas de sus tradicionales recetas. A eso hay que añadirle un restaurante japonés, otro de alta cocina, al que habrá que unir una zona para eventos y un bar de copas. Todo un atractivo para el público en general, sea de la condición que fuere.

Esta fue la causa por la que la Academia Gastronómica de Málaga volvió a visitar, una vez más, este establecimiento, que cuenta con una ubicación fenomenal, frente al mar, y con un marco incomparable e inmejorable. Aunque, si bien el lugar fue un acierto, cosa que depende de nuestros directivos, el tiempo, que no es culpa de nadie -sólo Dios sabrá su evolución- fue muy desapacible, mucho viento, lluvia fina, pero muy incómoda -adiós le tuvimos que decir muchos a nuestros paraguas-; nos dio la sensación de estar en invierno, más que en primavera.

En un salón amplio, reservado sólo para la Academia Gastronómica, con unas maravillosas vistas al mar, una mesa amplia y bien distribuida, en forma de rectángulo que permitía poder vernos todos los Académicos, tras tomar una cervecita fresca una manzanilla o un fino, cada cual según su costumbre, y unas olivas y alcaparras, mientras nos saludábamos, nos sentamos para comer.

Como en esta ocasión contamos con nuestro compañero, sacerdote y ex Deán de la Santa Iglesia Catedral Basílica de Málaga, Francisco García Mota, después de ser invitado por el vicepresidente, y de pedir permiso a los compañeros, bendijo la mesa.

Con un servicio adecuado y muy atento a las necesidades de los comensales, se empezó a servir el menú.

Como primer plato, el ya más que conocido y exigido por la Academia, allá por donde fuésemos, por creer que es el plato más representativo de nuestra provincia: Ajoblanco con tartar de gamba blanca. Plato exquisito a juzgar por las opiniones de los comensales que no cesaban de elogiarlo. Un tartar muy bien conseguido y un fenomenal ajoblanco. Posiblemente de los mejores que hayamos comido en nuestras visitas a los restaurantes de Málaga.

De segundo plato: Calamaritos fritos, huevo mollet y tártara. Algunos problemillas con la limpieza de los calamaritos, extraño maridaje del huevo mollet y los calamaritos -estábamos acostumbrados a comer los ya añorados chanquetes con huevo frito, pero nunca los calamaritos con huevo mollet- y una salsa que mataba el sabor del calamarito y del huevo, hacían difícil saborear este rico plato. Pensamos que una salsa más neutra o sin salsa, hubiese quedado mejor el plato.

De tercer plato: Canelones de rabo de toro, crema de patata y jugo especiado. Un plato fuerte, muy bueno, de mucho y agradable sabor y muy bien aderezado. Un plato digno de resaltar. Nada pesado, muy bueno, no destaca ningún sabor especial, sino que están muy bien combinados todos.

De cuarto plato: Corvina asada con patatas ratté, cherry, olivas negras y albahaca. Un plato que produjo sensaciones contradictorias entre los comensales ya que, al servirse un poco frío, daba la sensación de que fuese congelado, pero que al preguntarlo se nos dijo que era fresco y así nos pareció cuando se nos sirvió algo más caliente. Muy agradable al paladar y muy bien servido.

Postre: Tarta Árabe. Obleas crujientes, crema fluida y almendra crocanti. Exquisito postre, de sabor muy agradable y muy bien conseguido. Buen final para una gran comida.

Todos estos platos fueron aderezados con unos buenos vinos que gustaron a todos los comensales y que mostraron el buen criterio del que los seleccionó, nuestro sumiller, consiguiendo, de esta manera, un buen maridaje entre el vino ya la comida a la que acompañaba. Fueron estos vinos: Oloroso D. José. Blanco. Inspiración de Valdemar y tinto: Ramírez de Ganuza Rva.

Si a todo esto añadimos que el servicio fue extraordinario y que las materias primas eran de gran calidad, sólo concluir que pudimos degustar una gran y exquisita comida, eso sí, muy alejada de lo que entendemos por comer en un merendero.

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