Lourdes Moreno: “Málaga ha apostado por las instituciones culturales como una forma de situarse en el mapa y redefinirse”

Hace tres años que Lourdes Moreno es directora artística del Museo Carmen Thyssen Málaga, labor que desempeña tras dirigir desde 2006 la Fundación Picasso-Casa Natal; allí fue la conservadora responsable de las adquisiciones de la colección Jan Lohn y del cuaderno preparatorio número 7 de Las señoritas de Avignon de Picasso, una de las joyas de la Casa Natal. Testigo del auge cultural de la ciudad desde hace más de 20 años, en esta nueva etapa afronta el reto de establecer un discurso coherente y atractivo que revele los tesoros de la magnifica colección de pintura española del siglo XIX de la baronesa Carmen Thyssen.

- ¿Qué balance hace de estos tres años como directora artística del Museo  Carmen Thyssen Málaga?

Han sido años muy intensos que han pasado muy rápido, llenos de sensaciones, de emociones y de aprendizaje, todo ello con un equipo fantástico. Y por supuesto ha sido un gran honor trabajar con la colección de la baronesa Thyssen, que es soberbia. En definitiva, tres años con mucha intensidad y muy satisfactorios.

- ¿Ha cumplido con los objetivos que se marcó a su llegada?

Pienso que no, que aún queda trabajo por hacer. Han sido años de establecer lo que es el principio de una institución; no es que sea una visión negativa, sino que creo que hay muchas cosas por hacer, y más para una institución que acaba de empezar. Es lógico que haya muchas expectativas creadas alrededor. 

- ¿Qué le parece más destacable de la colección del museo?  

La coherencia con la que se ha formado una visión de la pintura española desde el siglo XIX hasta la mitad del XX. Este relato establece un hilo conductor que puede explicar cómo fue la influencia de los viajeros románticos, cómo España en sí misma como país fue motivo y protagonista de esas obras, y cómo eso evoluciona hacia un mayor protagonismo de la pintura de paisaje en la segunda mitad del siglo. También da cuenta de la llegada de nuevas miradas, más heterogéneas, como vemos en la sección de los primeros años del siglo XX,  con Regoyos, Zuloaga, Sorolla y otros. Es una etapa que, a diferencia de lo sucedido en la primera mitad del siglo XIX, en la que predomina la temática sobre los autores, está mucho más marcada por las propias personalidades de los artistas, que ya empiezan a mirar al mercado de los coleccionistas privados. Ejemplos como los de Iturrino, Julio Romero de Torres, Solana, Casas o Anglada-Camarasa, explican muy bien como fue ese siglo y medio de pintura española.

- Y gracias a ellos conocemos por primera vez los gustos de esa nueva burguesía pudiente, que se alejan de los cánones eclesiásticos y aristocráticos.

Así es, hacía falta una institución que pusiera en valor la pintura española del siglo XIX, que ha sido muy denostada por la crítica, y el museo cuenta muy bien cuál es la historia de los gustos de la burguesía. Esta colección cuenta con la obra que por entonces estaba en el mercado para una burguesía incipiente, con un cierto poder adquisitivo, de ahí el pequeño formato. Cuenta una parte de la historia de la pintura española del siglo XIX que hasta ahora no se había contado. 

- ¿De qué manera se relaciona el museo con el resto del entramado cultural de la ciudad?

El museo, desde sus inicios ha tenido claro que debía fomentar esas relaciones. Hemos colaborado con el Festival de Cine Español, creando ciclos como el de Romero de Torres o el de Anglada-Camarasa, y en este de Regoyos en el que estamos inmersos hemos apostado por una visión mas sombría, más dramática, que está mucho en las raíces de lo español. Hemos podido colaborar con otras instituciones culturales y al mismo tiempo el museo ha solucionado su posición social en la ciudad a través del Entorno Thyssen y su conexión con los comerciantes. Hemos firmado un acuerdo con la Universidad de Málaga (todas las exposiciones incluyen un ciclo de conferencias) y otro con la Universidad Internacional de Andalucía, que nos ha permitido hacer este verano unas intensas jornadas sobre Darío de Regoyos. Así pues, tenemos conexión con ambas instituciones y también con diferentes colectivos de la ciudad. En definitiva, creo que el museo, en la medida de que son tres años y queda muchísimo por hacer, sí ha establecido sus redes, y ahora nos queda ir desarrollándolas y mejorándolas al mismo tiempo.

- ¿Es necesario tener conocimientos artísticos para gestionar un museo, o basta con saber de administración y contabilidad?

Es positivo tener conocimientos artísticos, pero también depende de la organización administrativa del museo. En nuestro caso, hay un gerente, y también un director artístico, por lo que la especialización es mayor; el director artístico hace cosas que en otros museos no hace, por ejemplo, da conferencias, mientras que otros directores artísticos de otros museos se limitan a dar unas visiones generales, estratégicas y relacionadas con la propia elaboración de los proyectos expositivos, con el comisariado. En nuestro caso no nos queda mucho tiempo para investigar, que es algo que me gustaría poder hacer, no obstante hay un gran trabajo de documentación y acopio de material. 

En cualquier caso, si cuentas con un buen equipo de especialistas y aplicas la sensatez, distinguiendo entre lo necesario, lo urgente y lo anecdótico, es más factible cumplir con los objetivos que se plantean en el museo. Creo que la sensatez es aplicable en todos los niveles de la vida y es absolutamente necesaria .

- Háblenos de la nueva exposición temporal dedicada a Casas y Rusiñol que podremos disfrutar el mes que viene.

Es una muestra que surge a partir de una historia de amistad entre Casas y Rusiñol. Ellos expusieron juntos en numerosas ocasiones, pero hasta ahora no se había hecho una exposición conjunta. Hemos podido establecer ese relato de cómo parten de un punto común, de cómo su estancia en París los vincula con la pintura más moderna y cómo después sus caminos van divergiendo y cada uno opta por una impronta más personal. Vamos a ver cómo son esos dos caminos. El de Casas mucho más vinculado al retrato y el de Rusiñol al paisaje, pero influyéndose mutuamente. Establecieron líneas de trabajo que posibilitaron traer a España la modernidad, junto a Regoyos y otros autores. Además, se caracterizan por ser no solo pintores modernos sino también dinamizadores culturales, ya que Casas crea 'Els quatre gats' y Rusiñol un templo modernista en Sitges en el que realizaban diferentes actividades.

- Usted ha sido testigo privilegiado del enorme crecimiento cultural que Málaga ha experimentado en la última década, ¿Qué cree que lo ha hecho posible?

Hay varios factores, algunos circunstanciales y otros de estrategia política, que han hecho que Málaga experimente ese cambio radical como ciudad artística. En un principio Málaga era un erial, ya que solo existía el colegio de arquitectos, que fue un gran dinamizador, y alguna sala de exposiciones como la de calle Ancla de la Diputación y la Casa Natal, que se crea en el 88. Ésta ha contribuido mucho a dinamizar culturalmente la ciudad, quizá de forma no suficientemente reconocida; no organizó grandes exposiciones temporales porque nunca tuvo presupuesto y nunca se creó como una institución museística sino como un centro de documentación, pero por sus ciclos de conferencias han pasado los críticos, escritores, intelectuales más importantes del panorama español de ese tiempo y algunos internacionales también. El primer sitio al que Christine Ruiz Picasso va en Málaga es a la Casa Natal. Nos sorprendió gratamente, y además vino con un presente, diez libros ilustrados por Picasso y la intención de hablar sobre un museo en la ciudad.  El Museo Picasso Málaga ha sido la otra gran apuesta sólida de la ciudad y fue un aldabón como destino cultural. A partir de ahí entra en juego la figura del alcalde, que ha apostado por nuevos proyectos. También el CAC Málaga ha sido una gran apuesta por el arte contemporáneo. Al final, la cronología en el relato museográfico queda muy coherentemente establecida, el siglo XIX con el Museo Carmen Thyssen y el Museo de Bellas Artes cuando se abra, el siglo XX que lo llena Picasso, y luego el siglo XXI con el CAC y el Pompidou. 

-¿Qué opina sobre la burbuja cultural, esa que construye museos más por intereses políticos o turísticos que por proyectos culturales serios, avalados por especialistas y con perspectivas de continuidad?

Es evidente que los principales museos del mundo surgen de un deseo político de gestionar culturalmente una ciudad, es decir, Málaga no lo está inventando. Sí es cierto que ahora todos estos museos tienen que verse en una ciudad pequeña como Málaga, que sin embargo cuenta con una conurbación de un millón de habitantes y uno de los mejores aeropuertos del país, lo cual hace que pueda ser una ciudad receptora de público cultural, que es bien distinto del público turístico.  En este contexto creo que tenemos que coexistir y argumentar nuestros relatos de forma coherente. En cualquier caso, con mayor o menor éxito, no he leído que un museo haya sido perjudicial para la ciudad que lo acoge.

- ¿Está de acuerdo con quienes avisan de que Málaga se puede convertir, si no lo es ya, en un parque temático, donde se crean proyectos que hacen de la cultura un mero espectáculo, cuando no un negocio o un reclamo turístico?

No creo que Málaga sea un parque temático cultural, no se trata de un juego. Creo que es una ciudad que ha apostado por tener instituciones culturales como una forma de situarse en el mapa y de redefinirse. Que los museos son capaces de rehabilitar su entorno, generar riqueza, prestigio (un intangible no cuantificable), además de fomentar la participación ciudadana y complementar la formación de sus públicos a través de sus actividades, es una fórmula ya empleada en muchas ciudades del mundo. Málaga no está descubriendo nada nuevo. La ciudad está poniendo en marcha diversos proyectos culturales, cada uno de ellos con sus singularidades.

- ¿Cree usted que cuantos más museos mejor?

Creo, esencialmente, en la calidad, no en la cantidad.

- Y para despedirnos, ¿qué espera del futuro cultural de Málaga?

Del futuro cultural espero que los proyectos planteados tengan un  buen comienzo y un largo y apasionante recorrido. El éxito de estos proyectos es el éxito de todos, especialmente de la ciudad y de sus habitantes.

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