Miguel Bordera: “Lo más importante de un hotel es su equipo humano, sus trabajadores”

Cuesta pensar en José Miguel Bordera Francés como en una persona jubilada, pero desde el pasado mes es así. Lo cual no quiere decir que este histórico de la Costa del Sol -que llegó a dirigir al mismo tiempo los hoteles Riviera, Bali y Pez Espada- vaya a dejar de dar guerra: tras un breve periodo de merecidísimo descanso, volverá a la carga y elegirá alguno de los proyectos que se han cruzado en su camino. Mientras, seguirá desempeñando una labor muy importante como asesor de la presidencia de la Asociación de Empresarios Hoteleros de la Costa del Sol (Aehcos) y repasa los logros de su extensa carrera en nuestro litoral, que comenzó en el ya lejano lunes 10 de febrero de 1975. En total 45 años de intensa actividad laboral que han hecho de este humilde director de hoteles una auténtica leyenda.


-De toda su amplia carrera, ¿qué hito destacaría?


-Siempre tengo en mente un hecho muy grato para mí. Fui delegado de la Asociación Española de Directores de Hotel (Aedh) durante cuatro años (1993-1997) y en el mes de marzo del 97 organizamos aquí en la Costa del Sol la vigesimoquinta asamblea nacional de la asociación. Me correspondió a mí organizarlo, si bien conté con el apoyo del colectivo de los directores de hotel de la costa, en concreto de los de Benalmádena y Torremolinos, que ofrecieron los hoteles sin cargo para el alojamiento de todos los asistentes; unos 200 congresistas y otros tantos acompañantes. También me apoyé mucho en el vocal nacional, Antonio Juárez. Dos días y medio de actividades en los que visitamos Marbella, Málaga, Torremolinos, Benalmádena… Dos días que se han recordado desde entonces como, probablemente, la mejor asamblea que la Aedh ha realizado. Formamos un comité organizador en el que estaban todos los directores de los hoteles que habían ofrecido habitaciones para este evento y tuvimos una gran participación de los ayuntamientos. Hubo que mover muchos hilos, pero el resultado final fue espectacular y yo me siento muy satisfecho de haber tenido una contribución muy directa en que esto fuera así.

 

-¿Recuerda qué temas se dirimieron en aquella reunión?


-En aquella época se tocó mucho el tema de la formación. Se estaban dando los primeros indicios de los cursos de formación en el turismo, cursos que por desgracia luego se demostró que estaban mal encauzadas y que lo único que perseguían era la obtención de beneficios por y para los organizadores, ya que en realidad no les importaba lo más mínimo lo que se impartiera y cómo se impartiera. Pero para nosotros era una preocupación y una necesidad, por lo que hicimos un célebre comunicado consensuado entre todos, auspiciado por Paco Piedras. Un comunicado que leí en la ceremonia de clausura de la asamblea y que era un decálogo que se reprodujo en toda la prensa quedando en los anales de la historia de la asociación como un listado de buenos deseos. Sólo de buenos deseos porque lamentablemente la mayoría de sus puntos no se han llevado a cabo, y es algo que desde el colectivo se pedía ya hace 20 años para controlar el intrusismo que se daba en el sector, y para ofrecer una enseñanza válida para desempeñar el trabajo de director de hotel.

 

-Hace poco menos de un año puso a su carrera punto y aparte, hasta este momento que ha puesto punto y final. ¿Qué labor ha estado desarrollando durante esta prórroga?


-Inicialmente estaba previsto que terminaran mis funciones como director del Hotel Riviera, así como de director de zona de la cadena Med Playa, el 31 de octubre del año pasado. A partir de esa fecha, y hasta el 31 de mayo de 2017, la empresa me ofreció que me encargara de las relaciones institucionales y que coordinara, conjuntamente con el director de proyectos, las obras de ampliación que se estaban realizando en el Hotel Pez Espada y las de actualización del Hotel Balmoral; éste iba a ser mi cometido. Lo que ocurrió es que, de forma inesperada, la persona que estaba prevista para sustituirme desistió finalmente, por lo que Med Playa me planteó continuar haciendo lo mismo que venía haciendo, con lo cual les dije que ningún problema. Así que los nuevos encargos de temas institucionales y la coordinación de dichos trabajos se sumaron a la dirección que desempeñaba del Hotel Riviera y como director de zona de Med Playa.

 

-La industria turística que se encontró al llegar a la Costa del Sol, ¿es muy diferente de la que deja tras de sí? ¿Realmente han cambiado tanto las cosas, o sólo en apariencia?


-Sí, sí han cambiado. De hecho, el cambio ha sido espectacular en todos los sentidos. Cuando llegué aquí en 1975, la Costa del Sol atravesaba una situación complicada. En 1973 se produjo la primera crisis del petróleo que se unió, en 1974, con la quiebra de la inmobiliaria Sofico. Esto provocó que los americanos dejaran de venir en masa, colocando a los hoteles en una situación muy difícil, sobre todo durante los inviernos. Además, los hoteles no estaban actualizados. Era una época en la que todavía se ofrecía el clásico menú fijo, con primero, segundo, postre y ya está. Nadie hablaba de los bufets, no existían; una idea que, cuando se implantó, supuso una de las grandes revoluciones en los hoteles vacacionales y que más tarde fue incorporado a todos los establecimientos. Hoy día sería inconcebible un hotel sin bufet. Hoy existen hoteles con restaurante a la carta, pero el concepto principal es el de ofrecer un bufet, algo que se incorporó aproximadamente en el año 1978. Y es que esa época difícil vino a dotarnos de servicios que antes no teníamos. Otro ejemplo, es que en aquella época no había televisor en las habitaciones, algo que hoy en día nos puede parecer impensable. Al principio se alquilaban como un servicio extra. Esto, comparable a la tecnología y las comodidades que tenemos hoy en día, da una imagen de cómo ha cambiado el sector. Las cajas fuertes… esto de las cajas fuertes en cada habitación tampoco existía; si los clientes querían guardar algo tenían que dejarlo en recepción. Lo mismo ocurría con el mini bar. Son servicios que se han ido complementando unos a otros a lo largo de los años.


-¿Y con respecto a las instalaciones y la clase de turistas que recibe la Costa del Sol?


-Las habitaciones de aquella época también era muy distintas de las de hoy. Los hoteles que se hacían en aquella época no estaban debidamente insonorizados, ni estaban aislados térmica ni acústicamente. En todo esto ha habido una evolución tremenda. El sistema de ventanas que tenemos hoy es de una calidad impresionante que garantiza el confort y el descanso del cliente. El concepto que se tenía en aquella época era que el cliente venía a disfrutar del destino y que, para dormir, cualquier habitación era suficiente. Esto provocaba que el servicio y las instalaciones tuvieran un aire más, digamos, liviano. Bien es verdad que aquel turismo estaba formado por un turista más joven y desenfadado.

Cuando llegué ya apenas había americanos, pero, sin embargo, seguían quedando muchos holandeses, belgas y escandinavos. Había agencias danesas y suecas que tenían muchos clientes en la Costa del Sol, clientes que hemos ido perdiendo, quizás porque han encontrado mercados alternativos. Este era el tipo de turistas que teníamos entonces y que no eran especialmente exigentes; venían a la Costa del Sol a otra cosa, no a descansar precisamente. También ingleses; los ingleses siempre han estado aquí. Sin embargo, la Costa del Sol nunca ha sido para los alemanes un destino preferente, aunque había zonas por la parte de Nerja que siempre atraían a muchos. En cualquier caso, gente más joven que viajaba básicamente en verano. Esto traía la despoblación de los hoteles en invierno, por lo que se recurrió al turismo de tercera edad ya que es un turismo que se puede permitir viajar a lo largo de todo el año. Esto hizo que el mercado británico adquiera más protagonismo todavía, siendo el mercado que mantiene más hoteles abiertos durante todas las temporadas, si bien hizo que el promedio de edad cambiara provocando que hoy en día tengamos un turista de mayor edad.


-El turista inglés siempre ha estado ahí, pero ¿cree que con el brexit puede verse afectada esta fidelidad?


-Sinceramente pienso que a nosotros no nos va a afectar. Al que va a afectar el brexit es al propio turista inglés porque por sus libras va a recibir menos euros si viaja por Europa, y va a tener algunas dificultades con respecto a la asistencia sanitaria; ahora tendrá que contratar seguros privados para poder viajar tranquilo, lo que hasta ahora no era necesario. Esto le va a afectar, sin duda. Pero le va a afectar tanto si viaja a la Costa del Sol como si viaja a Túnez, a Turquía, a Grecia… o a cualquier otro país. Y nosotros siempre estaremos a menos distancia que cualquiera de esos países, por lo cual tenemos una ventaja favorable con respecto a estos destinos. Pienso que seguirán viniendo, sí; lo que también es muy probable es que este cliente gaste un poco menos. Es decir, un cliente que tuviera un presupuesto para gastar de 70, 100 euros diarios, es posible que ahora gaste 15 o 20 euros menos. Pero, bueno, seguirán viniendo.


-Ese gasto menor choca con la pretensión de atraer a Andalucía un turista de mayor calidad que gaste más y acabe con la masificación…

 
-El tema del cliente de mayor calidad para mí es un concepto totalmente desfasado. Es decir, no existe un cliente de mayor calidad y otro de menor calidad, en todo caso existe un cliente de mayor poder adquisitivo y otro de menor poder adquisitivo, porque a ver, para mí todos los clientes son de muchísima calidad. Y esto debería quedar claro de una vez para que todo el mundo lo sepa, y olvidemos el tema del turista de mayor calidad.

Con respecto a la masificación… esto puede llegar a ser un difícil inconveniente, no digo que no. Cualquiera de nosotros que haya visitado Praga o Venecia, o incluso París, sabe lo que es la masificación y los problemas que genera en desplazamientos, de poder comer tranquilamente en un restaurante… multitud de inconvenientes… Ahora bien, tal y como está estructurada la Costa del Sol, con la amplitud con la que cuenta, con su gran oferta existente, difícilmente vamos a sufrir esa masificación que pueda tener un destino concreto como puede ser Barcelona.

 

-¿Y no podría ocurrir lo mismo con un destino concreto como es Málaga capital?


-Bueno, si coincide que un día desembarcan tres o cuatro cruceros, más todos los turistas que llegan del resto de la Costa del Sol para visitar los museos y disfrutar de la oferta gastronómica que se concentra en calle Larios y el casco histórico malagueño, pues puede ser que se dé un cierto colapso, pero esto, ¿cuántas veces ocurre al año? ¿Dos, tres, cuatro veces? Mire, el turista inglés, que es el que más conozco, se ha pasado 30 años sin saber que la ciudad de Málaga existía. No le preocupaba lo más mínimo Málaga. A lo sumo visitaba Mijas y Marbella, pero pasaban olímpicamente de la capital. Sin embargo, ahora mismo estoy por asegurar que el 80% de los turistas que nos visitan hacen algún desplazamiento a Málaga. Conocen el excelente servicio de autobuses que hay, algunos prefieren ir en tren… son gente que vienen muy contentos de disfrutar de la oferta cultural que posee actualmente Málaga. Esto es algo que, lejos de perjudicar a la Costa del Sol, nos beneficia, todos nos estamos beneficiando de esta nueva realidad.


-A lo mejor este miedo a la masificación parte del gran ‘boom’ que se está dando en el número de apartamentos turísticos…

 

-Desde Aehcos lo venimos diciendo desde hace tiempo. Nos preocupa que el residente, el habitante de los cascos históricos, se marche del centro y que sus viviendas acaben exclusivamente dedicadas al alquiler de apartamentos turísticos. A ver, esto es algo que está ahí. Nos guste o no nos guste, hay que contar con eso porque no lo vamos a poder impedir. Lo único que pedimos desde Aehcos es que este fenómeno se dé en igualdad de condiciones, es decir, que los dueños de apartamentos turísticos tengan que pagar los mismos impuestos que pagamos nosotros, y que esta nueva modalidad genere, proporcionalmente, los mismos empleos que generamos nosotros. Que haya un mayor control, unas inspecciones como tenemos nosotros de sanidad, de turismo, de medio ambiente, de piscinas… Si reciben el mismo tratamiento por parte de la administración que un hotel ya queda en manos del cliente decidir dónde se aloja. El turista va a decidir si quiere ir a un hotel donde va a contar con todos los servicios y con personal cualificado y profesional; o si prefiere ir por su cuenta a una vivienda de estas donde él mismo tendrá que prepararse todo lo que necesite: ir a un supermercado para comprar comida, cocinarla, limpiar… Esto ya es una decisión del propio cliente, pero que ha de tomar en igualdad de condiciones.

Mi opinión es que, como esto es algo novedoso, sobre todo la gente joven lo probará una primera vez, y la segunda vez dirá “yo me acuerdo de cuando iba al hotel que me lo daban todo hecho y de lo único que me tenía que preocupar era de coger una hamaca en la piscina y tumbarme allí”; esto ocurrirá. Ahora mismo lo que pasa es que hay como una fiebre por el apartamento turístico que nosotros tenemos que afrontar.


-Es una burbuja, en cualquier caso.

 

-En mi opinión sí, desde luego.

 

-Antes los responsables de los establecientes hoteleros alcanzaban puestos de responsabilidad muy altos siendo aún muy jóvenes; usted llegó aquí para dirigir un hotel con 25 años. Hoy en día eso ya no pasa. ¿Cuál cree que es la razón?, ¿falta de confianza quizás?

 

-Pienso, y lo digo siempre que tengo ocasión, que la gente joven de ahora está mucho mejor preparada de lo que lo estábamos nosotros. Lo que ocurre, quizás, es que la gente de mi generación, digamos, madurábamos antes. Los de mi generación, antes de terminar nuestros estudios, ya estábamos trabajando. Yo aún estaba en el segundo curso de Turismo cuando me llamaron para ir a trabajar a Ibiza. Soy de Valencia, y estaba estudiando todavía allí cuando el dueño de varios hoteles en Ibiza vino a buscar a profesionales para trabajar en ellos. Yo tenía en aquella época 20 años y sin dudarlo me fui a Ibiza. Te daban alojamiento, te daban comida, uniformidad… y, aunque te pagaban muy poco, aprendías. Estuve dos veranos en Ibiza mientras continuaba estudiando y esto me ayudó a complementar mis estudios. De este modo, al mismo tiempo que terminaba la parte teórica, ya tenía práctica suficiente para comenzar a trabajar en cualquier parte. Y así fue porque, desde Ibiza, una vez terminada la temporada en octubre, conseguí un trabajo de jefe de recepción en Benidorm para Med Playa el noviembre siguiente. Puesto en el que permanecí dos años y medio, y pasado ese tiempo me ofrecieron venir a dirigir el Hotel Bali aquí en la Costa del Sol.

Entré a dirigirlo con 25 años. La pregunta sería: ¿estaba yo preparado para este puesto? Probablemente, no. Tenía nociones, tenía ideas, tenía conocimientos, pero sobre todo muchas ganas de trabajar y, como el resto, eché muchas horas en ese establecimiento. Se trabajaba de forma muy distinta de cómo se trabaja hoy; entonces había muy poca conciliación familiar. Lo de trabajar 10 o 12 horas diarias, era cierto; lo de trabajar sábados y la mayoría de los domingos, también era cierto. Yo vivía a 50 metros del hotel, y lo hice adrede porque eso me permitía dedicarle mucho tiempo a mi labor.


-¿Tan cerca para pasar más tiempo en el hotel, en lugar de para pasar más tiempo en su casa?


-Efectivamente. Por aquel entonces no había móviles y si pasaba algo, al estar tan cerca, te localizaban enseguida. El trabajo era totalmente diferente de como se hace hoy en día. Era por eso que, como te decía, los de mi generación madurábamos antes. También había un interés muy fuerte en formarnos constantemente. Organizábamos a través de la Aedh o de la propia Aehcos cursos de reciclaje, cursos de formación, seminarios… existía ese interés. Es cierto que fue en la época del ‘boom’ turístico, pero también es cierto que en aquella época para dirigir un hotel tenías que tener un título; cosa que hoy en día no es necesaria, lamentablemente. Ahora cualquier persona que goce de la confianza del empresario puede ser director de un hotel, independientemente de la formación que tenga. Entonces no era así, y tener un título te abría puertas. Y si encima tenías algo de experiencia estabas muy bien visto.

¿Qué ocurre actualmente? Como he dicho al principio, hoy la gente está más formada que los de mi quinta, pero les falta quizás la formación práctica, la formación que realmente interesa. Es decir, tienen una carrera universitaria, tienen seguramente un master… pero, ¿tienen formación práctica? La mayoría no. Y, además, si hoy le ofreces a cualquier estudiante universitario trabajar en un hotel durante el verano –como hemos hecho todos los directores de mi generación- y le dices que no va a descansar ningún día de la semana, o que a lo sumo va a descansar un lunes o un martes, nunca un sábado, o un domingo, o un viernes, lo primero que te van a decir es que no. Generalizo, claro, y cuando uno generaliza en ocasiones comete errores. Pero la realidad es que hoy en la mayor parte de los casos cuando un estudiante universitario llega a un hotel –ya incluso desde las prácticas regladas que existen en algunas carreras- lo primero que te dice es que va a trabajar siete horas de lunes a viernes. Desde la propia universidad salen mal encaminados, porque los que trabajamos en este sector tenemos que tener muy claro que nosotros trabajamos cuando los demás se divierten. Y si los demás se divierten el fin de semana lo más probable es que nosotros no podamos descansar el fin de semana. Esto es lo que la gente de hoy en día no entiende.

Además, otra cosa que ocurre es que muchas personas hoy llegan al turismo de rebote. Es decir, están entrando en los hoteles ingenieros, abogados, arquitectos… que tienen todo el mérito del mundo, y que tienen una formación universitaria muy superior a la de un técnico de Turismo, pero no están desempeñando su trabajo. En el tema de los hoteles y el turismo yo siempre he destacado una palabra que habría que enmarcar y poner en la puerta de todos los hoteles: “hospitalidad”. Nosotros tenemos que ser hospitalarios, y ser hospitalario es ser anfitrión, estar muy pendiente de tus clientes –y de tus empleados, lógicamente-; esto, un ingeniero, con todos los respetos, pues llega a un hotel y lo único que busca son números, resultados, rentabilidades, ratios. No. Estamos trabajando con personas, olvídate de las ratios y de los números. Porque un servicio que des hoy, mañana ese servicio va a ser totalmente distinto dependiendo de la climatología, dependiendo de que haya habido retrasos en los vuelos, dependiendo de mil cosas. No puedes hacer una ratio diciendo “necesito en el bar tres camareros cada noche”, no, porque seguramente una noche necesitarás tres y otra noche necesitarás cinco. Y esto lo tiene que decidir el profesional que está en el hotel, un profesional que tiene que tener la suficiente flexibilidad como para poder acomodar el servicio a las necesidades de sus clientes. Lamentablemente muchas empresas piensan que un hotel es como una cadena de montaje, y un hotel es una cosa muy distinta. Aquí dar un servicio depende de multitud de circunstancias que un director de hotel tiene que saber conjugar, adaptar y hacer frente. Eso es ser un verdadero profesional de la hostelería.

 

-El problema es que no es vocacional.


-Exactamente. Sin tratar de menospreciar a estos titulados universitarios de fuera del sector que están recalando en los hoteles, el problema es que están viniendo no porque les guste la hostelería –y para la cual no se han preparado- sino porque no encuentran colocación en sus áreas de estudio.

 

-De todos los hoteles por los que ha pasado, ¿cuál es su predilecto?


-Es difícil escoger. El hotel Bali fue el primero, y para mí fue una experiencia a la que tuve que dedicarme en cuerpo y alma porque me superaba. Tenga en cuenta que el Hotel Bali llevaba funcionando tres años cuando yo llegué a él. Habían pasado dos grandes directores, dos grandes profesionales que habían fracasado. Uno duró un año, y el otro no llegó a dos. Y tras ellos me hago con el hotel yo, con 25 años… Esto da una idea del tremendo reto que supuso para mí, y más sabiendo los antecedentes del hotel. Pero me puse a ello con el máximo esfuerzo y conseguí ir ganando adeptos, poco a poco, entre una plantilla algo resabiada por todo lo que había ocurrido hasta entonces. Paso a paso conseguí que esta plantilla me apoyara y secundara mis decisiones y así fuimos cambiando a mejor. Y la prueba es que al cabo de nueve años de funcionamiento el Hotel Bali se permitió el lujo entre comillas de comprar el Hotel Riviera, que era todo un clásico de la Costa del Sol. En aquella época el Hotel Bali tenía sólo dos estrellas y un edificio de 202 habitaciones; ahora tiene tres estrellas y tres edificios con 436 habitaciones en total.

Imagina lo que supuso que el modesto Hotel Bali comprara el Riviera en 1984. El Riviera había sido todo un referente de cinco estrellas, donde habían trabajado grandes figuras: directores como Ángel Palomino, que había escrito el famoso libro de ‘Torremolinos, gran hotel’; o Manuel Otero Luna, que fue presidente de la Confederación de Empresarios de Andalucía (Cea) y el primer director que capitaneó el Riviera… Bueno, al Hotel Riviera le costó un poco asumir que el modesto Bali lo comprara y que yo llegara para dirigirlo conjuntamente a los dos.


-¿Durante cuánto tiempo estuvo dirigiendo ambos establecimientos?


-El Bali y el Riviera, durante dos años. Al cabo de esos dos años, en 1986, compramos el Hotel Pez Espada de Torremolinos que era otro clásico de la Costa del Sol. Y yo continué siendo el director de los tres hoteles y director de zona de Med Playa. Lógicamente, tenía subdirectores y un personal maravilloso, pero estuve trabajando en estos cargos conjuntamente durante cuatro años.

Es por ello que conozco tanto estos establecimientos, porque les he dedicado mucho tiempo y mucho esfuerzo a cada uno de ellos. El Hotel Bali sigue teniendo un personal magnífico, profesional, volcado en la empresa y en ayudarte. Gente magnífica. Y mira que tiene mérito trabajar en ese hotel por la envergadura que posee, con un 50% de los clientes con todo incluido, lo que se traduce en más trabajo. Y, sin embargo, ves a los empleados contentos y felices. Hay grandes, grandes, profesionales allí.

 

-¿Cómo afrontó la dirección del Hotel Riviera?


-El Hotel Riviera durante algunos años apenas experimentó cambios hasta que poco a poco Med Playa fue haciendo mejoras, reformas, adaptándolo a los tiempos modernos. Estaba anclado en el pasado, la crisis le había afectado mucho y había dejado de trabajar con los americanos. Por eso decidimos volcarnos con el mercado inglés, especializarnos en los ingleses. Y fuimos cosechando éxitos hasta llegar a la situación actual en la que el Hotel Riviera es desde hace dos años probablemente uno de los mejores hoteles de toda la Costa del Sol en su gama de cuatro estrellas. Estamos recibiendo unas puntuaciones fantásticas de nuestros clientes.

 

-¿Y el Hotel Pez Espada?


-En cuanto al Pez Espada todo el mundo conoce su historia: tras más de dos décadas de éxito continuado le sobrevino también la crisis, como a todos, y el hotel tuvo que cerrar durante un par de años. Más tarde una empresa lo alquiló para su explotación solamente durante el verano, hasta que en 1986 Med Playa lo compró. A partir de ese momento nos encontramos con un hotel totalmente hundido, decrépito, en muy mal estado. Empezamos a invertir y habilitamos un espacio nuevo para crear un restaurante, que no tenía. En 1988 realizamos una ampliación de 60 habitaciones que nos permitió una explotación y una operatividad mejores del hotel. Y así seguimos funcionando hasta hoy en día que acabamos de inaugurar 30 nuevas habitaciones tipo junior suite [se inauguraron el pasado viernes 16 de junio]. El Pez Espada alcanza así las 235 habitaciones de muy diverso tipo siendo un producto muy completo que ofrece un servicio para todo tipo de clientes. Siempre he dicho que el Hotel Pez Espada es un hotel muy agradecido porque cualquier cosa que hagas por ese hotel te lo devuelve con creces. Es un establecimiento referente por el que han pasado grandes profesionales. Algunos de ellos los llevé yo mismo desde el Hotel Riviera poniendo en práctica de este modo una política de promoción interna. Grandes profesionales que desarrollaron una labor estupenda; la mayoría de ellos está jubilada ya.

Por eso, para mí, los tres hoteles tienen un gran significado, cada uno de una manera especial. Aunque sí es cierto que estoy muy orgulloso del producto Riviera, porque tal como funciona, existen muy pocos hoteles en la Costa del Sol que puedan sentirse tan satisfechos de unos servicios como los que ofrece este hotel actualmente.

 

-¿Cuál cree que es el mayor reto con el que se enfrenta la Costa del Sol? ¿Cómo piensa que puede evolucionar?


-El peligro siempre es el mismo: hay que procurar no morir de éxito. No nos podemos quedar pensando que somos los mejores y caer en el levantarnos por la mañana para sólo mirarnos el ombligo. No. La Costa del Sol tiene unas ventajas competitivas impresionantes con relación a otros destinos que son competencia. Desde la diversidad, que sería quizás lo principal que tiene la Costa del Sol, hasta el tema gastronómico, etc. Pasear por el paseo marítimo de Torremolinos y contemplar los chiringuitos, disfrutando de un pescado recién capturado, y a un precio razonable… esto no se encuentra en todas partes.

Ventajas competitivas en las que debemos seguir trabajando y hacer evolucionar bien. Hacer evolucionar bien porque el problema surge cuando esto deriva en otras cosas y algunos chiringuitos se transforman en bares de copas, y provocan problemas y molestias como el ruido. A ver, si un chiringuito tiene autorización como tal, lo que no puede es convertirse en un bar de copas y cerrar a las cuatro de la madrugada. La normativa debe ser clara y, al igual que a los hoteles nos ponen limitadores para temas de sonido, hay que regular más férreamente a los chiringuitos que se transforman en otra cosa que no son chiringuitos.

Por el contrario, una buena evolución la representa la fantástica oferta cultural que ha surgido de Málaga y que la ha posicionado en todas las guías como un auténtico referente. La transformación que ha tenido esta ciudad es extraordinaria. Una transformación que, aunque mucha gente lo piense, no ha surgido por generación espontánea. No es ni mucho menos así. En mi opinión esta transformación arranca en el momento en el que el actual alcalde de Málaga, Francisco de la Torre, decide peatonalizar la calle del Marqués de Larios en 2002. Decisión que hizo que todo el mundo, los vecinos, los comerciantes de la vía, los demás partidos políticos… se llevaran las manos a la cabeza y se le echaran encima. Y ahora no pueden estar más encantados.

Otra ventaja es el tema de las infraestructuras en la Costa del Sol. Creo que ha habido un cambio increíble a lo largo de los años: tenemos una red de carreteras fantástica; tenemos el AVE -desde hace no tanto tiempo- que nos une con Sevilla, Madrid y, dentro de poco, Granada; tenemos un aeropuerto con una capacidad de recepción impresionante, ampliado y actualizado, que puede abarcar a muchos más turistas todavía; tenemos el puerto de Málaga con la llegada de los cruceros que generan una nueva fuente de ingresos… Estas son las cosas que tenemos que cuidar y con las que crecer.

Tenemos muchas cosas, pero, ¿qué es lo que no tenemos?, ¿qué nos falta para seguir creciendo y no dormirnos en los laureles? Pues nos falta el tren litoral que Aehcos lleva mucho tiempo pidiendo que se haga, aunque sea por fases, ya que es algo que facilitaría las comunicaciones en la Costa del Sol, agilizaría y haría todo mucho más sencillo. Es una inversión que se recuperaría muy pronto.

Pero, sobre todo, ¿cuál es la obra más urgente, y sin embargo el mal endémico de nuestro litoral? El saneamiento integral. Es inadmisible que cuando yo vine hace 42 años y tres meses ya había aquí problemas de saneamiento. Y que no hayan sido capaces de solucionar esto en tanto tiempo resulta increíble. No hay justificación alguna. No sé cuáles son las causas, si prioridades políticas, descoordinación, desunión… pero es inadmisible que algo de lo que vivimos como es el agua del mar, las playas, esté sucia con demasiada frecuencia y genere crispación entre las personas que nos visitan. Personas que nos comparan además con el resto de nuestra competencia: con Benidorm, con Mallorca, con Canarias… Donde hace años que resolvieron este problema. Y eso en España; si hablamos de otros países podemos ver cómo Croacia, Turquía o Grecia no han cometido el grave error que se ha cometido aquí de permitir construir hoteles, apartamentos, casas… sin depuración. Esto es absolutamente inadmisible. Para mí esto está haciendo un daño muy grande y espero que no lo tengamos que pagar caro el día que desaparezca la inseguridad que hay hoy en los países que nos hacen la competencia. Inseguridad que esperemos, por otra parte, que se acabe pronto, aunque tengamos que afrontar una competencia tan brutal como la que hemos tenido estos años pasados.

 

-Como persona inquieta y trabajadora, ¿tiene algún proyecto en mente para la nueva etapa que inaugura?


-Por supuesto. A efectos legales soy un jubilado más. Me he resistido todo lo que he podido; acabo de cumplir 68 años, lo que quiere decir que he hecho unas cuantas prórrogas. Me marcho ahora porque entiendo que este es el momento y porque hay que permitir que lleguen otros; nosotros hemos cumplido. Pero, dicho esto, tengo la cabeza llena de ideas, de proyectos, de ilusiones, de ganas de seguir trabajando, por lo que es más que probable que desarrolle alguna labor; de hecho, ya tengo algunas propuestas. La verdad es que tengo que decir que me ha sorprendido gratamente recibir propuestas, pero sí, hay gente que valora las trayectorias, la experiencia, un comportamiento a lo largo de los años… Así que es más que probable que a partir de octubre más o menos asuma algún trabajo que no me suponga la dedicación de 10 o 12 horas diarias que llevo desempeñando desde hace tanto tiempo. Será un trabajo más próximo al asesoramiento. El sistema de la Seguridad Social en España me permite que, renunciando al 50% de la pensión, pueda seguir trabajando. Y, en el momento que deje de hacerlo, recuperar el cien por cien.

Eso sí, lo haré después de que me tome algunos meses de descanso; tras 46 años de trabajo activo no está mal, la verdad.

 

-Bueno, después de tantos años, ¿su familia no querría que usted dejara de trabajar completamente? ¿Qué dice su mujer?

 

-[Risas] Bueno, mi mujer es uno de mis mayores aciertos, haberla conocido, y, al igual que el resto de mi familia, de los cuales estoy muy orgullo, siempre me ha ayudado, siempre me ha comprendido. Mi familia siempre ha entendido mi trabajo, lo cual no es nada fácil. Que tu familia comprenda un trabajo tan exigente como este, y lo acepte, tiene mucho mérito, por lo que estoy muy, muy agradecido de que me haya tocado la familia que tengo.

 

-Miguel, para terminar, ¿se arrepiente de algo de lo que ha hecho, o de lo que no ha hecho, o que habría hecho de una manera distinta a lo largo de su extensa carrera?

 

-Arrepentirme no porque mi forma de trabajar, de lo que entiendo que debe ser un hotel, y del trato que se debe dar a los clientes, se ha basado en la hospitalidad. Por ello tampoco me arrepiento de haber estado siempre presente en el trabajo, hasta tarde, por ejemplo, en un banquete de boda, para ayudar y dar apoyo moral a los trabajadores. Pero lo que sí lamento es que algunas empresas no valoren este tipo de compromiso. Los nuevos directores de hoteles tienen en mente que cualquier director que eche más de ocho horas al día en un hotel es un mal director. Esta es una máxima que para mí es impensable. De igual modo, muchos directores descansan dos días a la semana como cualquier otro empleado, cosa que yo no he hecho jamás. Esta mentalidad nueva a veces te hace plantearte si has estado haciendo el primo durante toda tu vida. Aunque sinceramente creo que no. Nosotros, los de mi generación, nunca tuvimos conciliación laboral, pero es que este trabajo es así de exigente y a veces no se valora lo suficiente.

 

-¿Nadie lo reconoce?

 

-Sí hay quien lo reconoce, por suerte. El reconocimiento parte a veces de gestos sencillos: de dar ejemplo. Cuando quienes estamos enfrente de una empresa damos ejemplo, ejemplo en todo, tanto en lo malo como en lo bueno, estamos mostrando respeto a nuestros trabajadores. Cuando un director de hotel se queda hasta el final de un servicio, apoya con su presencia a sus trabajadores. No olvide que lo más importante de un hotel es su equipo humano, los trabajadores; después van los clientes, y, en el último lugar, la empresa. No podemos dejar de valorar la calidad de nuestros empleados, el sacrificio que supone hacer algunos trabajos, por horarios y por dificultad. Se habla demasiado de las camareras de piso, de que tienen un trabajo que no está valorado… pero es que no está valorado por algún imbécil que no quiere ver la realidad de un trabajo muy duro. Y esto hay que valorarlo para que los trabajadores estén contentos. Y si los empleados están felices, los clientes estarán encantados y dirán que el hotel es maravilloso. El trato de los empleados es fundamental. Tenemos unos empleados magníficos en la Costa del Sol; valoremos esto que no es tan común.

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