Fernando Francés: “Una ciudad se hace moderna porque evoluciona la mentalidad de sus ciudadanos. Esa es la auténtica modernidad”

Fernando Francés, director del Centro de Arte Contemporáneo de Málaga, llegó a Málaga en 2003 para dirigir el primer centro de arte contemporáneo creado en la ciudad. Han pasado once años y hoy el CAC Málaga es una de las cien instituciones artísticas más influyentes del mundo. En sus salas han expuesto los mejores artistas del mundo y los que están en camino. En esta entrevista conversamos sobre su gestión en el museo, sobre la actualidad cultural y sobre algunas cuestiones estéticas fundamentales.

- ¿Qué balance hace de estos once años al frente del CAC Málaga?

No puede ser más positivo, los resultados son muy superiores a lo que inicialmente podíamos haber aspirado. Hemos conseguido en solo diez años posicionarlo entre los cien más influyentes del mundo, según 'Art Facts', en el contexto del arte contemporáneo. Y todo esto con un presupuesto muy bajo, dependiendo de un ayuntamiento y ubicados en la periferia de Europa. Como digo, el balance es muy positivo, no solamente por el nivel y prestigio de los artistas y exposiciones que hemos conseguido traer a Málaga, sino también por la respuesta de los ciudadanos. 

- ¿Cuál ha sido el impacto del CAC en el desarrollo cultural de la ciudad?

El número de visitantes, que en su mayoría son malagueños, ha crecido de manera sostenida, lo cual tiene un valor social de un calado difícil de medir. Lo que sí es cierto es que la ciudad es hoy más moderna que hace diez años, se aceptan mejor las actividades culturales contemporáneas, la gente asiste a las exposiciones más que hace diez años y por eso hay una demanda de museos y salas de exposiciones que antes no había, y yo creo que en todo eso tiene mucho que ver el CAC. 

- ¿Se han cumplido los objetivos respecto a la difusión del arte contemporáneo más relevante?  

Creo que se están cumpliendo, incluso por exceso. En lo que se refiere a la difusión del arte contemporáneo a la ciudadanía, abogo por una labor social más que turística, y creo que ha aumentado su aceptación de lo que es la cultura contemporánea (más allá de las artes visuales), de un arte que va más allá del de los cofrades. Y eso en una ciudad en la que el peso de la tradición era enorme, tiene su importancia. Una ciudad no se hace moderna porque tenga un metro o porque haya muchos edificios diseñados por arquitectos muy vanguardistas, no, se hace moderna en la medida en que evoluciona la mentalidad de sus ciudadanos. Esa es para mí la auténtica modernidad.

- ¿Qué factores tiene en cuenta a la hora de decidirse por una exposición o por otra, por un artista o por otro?

Hay tres líneas de actuación: por una parte, los artistas que son referencia generacional en el mundo, que me parecen claves para entender lo que está pasando en las artes visuales, y en esa línea hemos tenido a artistas como Louise Bourgeois, Alex Katz, Tony Cragg, Gerhard Richter y muchos más. En el siguiente grupo estarían los artistas que reflexionan sobre una serie de problemas globales y lo hacen dentro de lo que ya hoy considero una singularidad, la calidad. En este grupo estarían Neo Rauch, Yoshitomo Nara, Tracey Emin y otros. Y por último estaría lo que yo llamo la atención al arte de proximidad. Los artistas que viven en un lugar concreto tienen a veces circunstancias parecidas, pensamientos semejantes, preocupaciones comunes, y vale la pena analizar ese fenómeno. El concepto de proximidad es aquí muy generoso, siempre que afecte a los temas y no tanto al lugar donde han nacido. No tenemos artistas con preocupaciones diferentes porque vivan en Tarifa o aquí en Málaga. Cuando esas preocupaciones se pueden poner en relación, en debate, e incluso en confrontación con las de los grandes artistas internacionales, surgen cosas muy positivas. Esa permeabilidad entre lo que piensan los artistas del mundo y lo que piensa el artista de proximidad, que va de lo global a lo local y viceversa, es un tránsito que me interesa mucho y que es posible poner de relieve.

- ¿En qué punto nos encontramos respecto a la ampliación del CAC?

En punto muerto, no hay presupuesto y no creo que haya capacidad para afrontar una inversión de esas características, pero sí es cierto que el traje se ha ido quedando pequeño, porque aquel joven centro de arte se ha hecho mucho mayor y más fuerte.

- En una entrevista al diario El País, recién llegado al CAC, usted dudaba de la calidad y el nivel de los muchos museos que se estaban creando a nivel nacional. Dijo que nacían como setas. Hoy nuestros políticos locales siguen la misma estrategia, ¿sigue dudando hoy de esa política cultural?

Creo que fue una frase tristemente premonitoria, ya que después de la crisis muchas de esas setas, diría que la mayoría, se han secado. A nivel local creo que es un asunto diferente. Los países, las regiones, las ciudades tiene que tener sus señas de identidad en una competencia global, sus líneas estratégicas que las definan en su singularidad. Si dividimos Europa en tres franjas, (norte, centro y sur) vemos que en la zona norte hay una gran competencia por ser la capital en el ámbito de las artes visuales entre ciudades como Kassel, Münster, Leipzig o Hamburgo. No solamente compiten por el mismo público sino también por una identidad de ciudad. En la zona centro ocurre lo mismo, Zurich, Basilea, París y Londres están compitiendo por el mismo segmento, y curiosamente en el sur de España no había ninguna ciudad que estuviese compitiendo por ese segmento; hay ciudades que lo tienen resuelto, como Madrid, pero no ocurre lo mismo en Italia ni en la zona sur de Francia ni en Portugal. Yo creo que no había una ciudad en toda la franja sur de Europa que realmente hubiera apostado por la cultura como una de sus líneas estratégicas. Que Málaga haya optado por ese nicho es muy barato y además muy rentable a dos niveles. Cuando una ciudad invierte en conjunto 20 millones de euros en una de sus líneas estratégicas, la cifra es absurdamente ridícula, lo que hay que valorar es la rentabilidad de esas inversiones. Málaga se ha posicionado muy rápido en el contexto nacional e internacional, ya que según el Observatorio Cultural en España hemos pasado del puesto 31 en el año 2007 al puesto 4 este año, es decir, a una velocidad de vértigo. En cuanto a la rentabilidad interna, cabe decir que las ciudades que apuestan por la cultura están apostando por que sus ciudadanos se hagan más libres, más tolerantes y más justos, y como en definitiva nos debemos a ellos, creo que es una acierto.

- No le parece lógico, por tanto, que la ciudadanía se asombre ante la estrategia de crear muchos museos.

Es como preguntar: ¿No son demasiados los ladrillos que hacen falta para construir una casa? Pues depende de cómo sea la casa. Si quieres una casa muy grande, necesitarás más ladrillos. ¿No son ya bastantes los museos que hay en la ciudad? Depende, puede que sean pocos. No es una cuestión de número, sino de objetivos, de estrategia, de diseñar que quien venga a Málaga puede hacer un recorrido por el arte que va desde el siglo XVIII hasta nuestros días, y sus sinergias. Creo que con lo que hay ahora mismo se da una visión de la historia del arte que no encontramos en ninguna otra ciudad del sur de Europa, excepto quizá en Madrid.

-¿Cómo medimos la rentabilidad de un museo si no es en términos de cifras de asistencia?

Hay parámetros más objetivos, como son los rankings internacionales; o por ejemplo, los que miden la influencia de los museos en las redes sociales. Sin embargo no hay parámetros que midan la evolución social de una ciudad, que es lo que más me interesa. Es algo perceptible pero muy complejo, por lo que me gustaría que el ayuntamiento invirtiese en que una empresa especializada lo analizase. Hay actos que son puramente festivos pero, ¿te imaginas una Noche en Blanco hace 15 años? Creo que el efecto hubiera sido prácticamente cero. Pues bien, el año pasado tuvimos 16.000 personas esa noche. Hay una apreciación general de que aquí las cosas han evolucionado y me gustaría que se concretase, que hubiera datos fiables.

- ¿Es posible una definición de arte hoy?

Lo que sí es cierto es que existen varios consensos que entienden que una forma de interpretar el mundo con unos parámetros determinados puede ser considerado arte. Y ¿quién marca esos parámetros? El artista. El artista constituye la obra de arte igual que la obra de arte constituye al artista. Luego podremos analizar el tipo de arte o la calidad, pero corresponde al artista determinar que un objeto creado por él es una obra de arte. Los demás tenemos la capacidad de seleccionarlo o no, de analizarlo, decidirlo, crear discursos paralelos, pero quien realmente consolida una obra de arte no es el espectador sino el artista.

- ¿Qué tiene el arte que le hace vibrar?

Que aumenta mis dudas. El arte te pone continuamente en frente de tus propias creencias, y esa inestabilidad que te genera la mirada de los artistas sobre el mundo, te hace reflexionar. Yo creo que no hay nada tan apasionante, no podría vivir sin el arte, es parte de mi vida. Podría vivir sin una buena comida, a base de comida basura y no pasaría nada, moriría antes pero no pasaría nada, pero vivir sin el arte sería como vivir en la ignorancia, no me lo puedo imaginar. Hace poco escuché una frase genial de Alcántara que decía que ya no creía en nada excepto en sus dudas. Pues lo que a mi me hace dudar es el arte. El arte pone en tela de juicio lo fundamentalistas que podemos llegar a ser en cualquier ámbito.

- ¿Qué cree que aporta la educación a través del arte?

Llevo desde hace mucho tiempo defendiendo algo que cada día defiende más gente, que la cultura es un derecho como lo es la sanidad, la defensa, la justicia o la educación. La educación y la cultura son dos derechos ciudadanos que se retroalimentan y que deben estar garantizados, con el objetivo de conseguir una sociedad más crítica, más tolerante y más justa. Y ese es también uno de los principales objetivos del arte, cambiar la sociedad. El arte que no pretende cambiar el mundo para mí no tiene interés.

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