Una fiesta diferente

Existen muchas tradiciones populares por todo el mundo, pero, sin duda, hay algunas que destacan por su originalidad y singularidad, y este es el caso de la Fiesta del Cascamorras, una tradición que fue declarada de Interés Turístico Internacional en 2013.

Celebrada en Baza y Guadix cada mes de septiembre, ambas localidades granadinas se disputan simbólicamente desde el S.XV la propiedad de la talla de la Virgen de la Piedad. 

Existen varias versiones de los hechos, pero la más extendida cuenta que un vecino de Guadix, Juan Pedernal, se encontraba trabajando en Baza en el lugar donde hubo una antigua ermita, cuando accidentalmente descubrió una imagen de la Virgen. Esto motivó un conflicto entre ambas ciudades, pues unos alegaban que el autor del hallazgo era de Guadix y otros que se había encontrado en Baza. Finalmente, la custodia de la talla fue encomendada a los bastetanos, aunque según la Justicia, el pueblo accitano tenía derecho a disponer de la misma un día al año para poder venerarla.

Desde entonces, un vecino de Guadix, el Cascamorras, se traslada a Baza todos los años el día 6 de septiembre con la intención de llevarse la imagen a su localidad. Según la costumbre, lo conseguirá si logra presentarse inmaculado y limpio ante la Virgen. Año tras año, su intento resulta baldío, ya que miles de personas lo esperan a las afueras de Baza para acompañarlo en su carrera hasta la iglesia donde se halla la Virgen y asegurarse que llega ante ella completamente tintado.

Durante los dos días siguientes, el popular personaje participa en festejos y celebraciones religiosas. Por fin, el día 9, el Cascamorras regresa un año más a Guadix sin cumplir su propósito por lo que, en reprimenda, es de nuevo manchado por sus paisanos.

Profano y religioso

Así, ‘El Cascamorras’ es una mezcla de lo profano y lo religioso, de lo divino y lo humano, unidos de una forma peculiar y distinta, y a la vez profunda.

Pero es mucho más que eso, es una señal de identidad de ambos pueblos, que a sus muchas semejanzas sociales, económicas y culturales, suman la celebración de esta fiesta común, que posee a su vez un fuerte matiz de hermanamiento entre ambos.

Desde hace algún tiempo ‘El Cascamorras’ se ha convertido asimismo en una reivindicación cultural, que año tras año cobra mayor intensidad y de la que se habla no sólo en el momento de la celebración de la fiesta sino a lo largo de los 365 días del año, dando lugar a distintas discrepancias sobre el origen y la evolución de la misma.

En las zonas de celebración, como en otras zonas del interior de Andalucía, el sector turístico está emergiendo con fuerza, reclamando cada vez más mayores cuotas de participación en la vida social y económica de estas localidades. La celebración de esta fiesta supone cada año la llegada de miles de personas a estas ciudades, que de manera cuantificable contribuyen al desarrollo del sector turístico.

Más información en www.cascamorras.org

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