El Hotel Torre del Puerto de Málaga

El 16 de junio de 2005 asistía un servidor de ustedes a la Tercera Reunión de los Grupos de Trabajo del Consejo de Europa para la implementación de la Convención Europea del Paisaje. Tenía lugar en Cork (Irlanda) por ser esta ciudad la Capital Cultural de Europa durante ese año.

 

Conservo el texto completo de una de las intervenciones. Su autora, la doctora en Arquitectura Christiana Storelli, fue la presidenta del grupo de trabajo del Consejo de Europa que puso en marcha la Carta Urbana Europea. Su ponencia fue uno de los momentos más importantes de aquella reunión internacional en tierras irlandesas. Cito a continuación algunas de sus palabras finales: "Para terminar, quisiera proponer una reflexión para la ciudad del futuro. En los comienzos de esta ponencia he afirmado que la ciudad debe ser vivida y debe ser utilizada y adaptada para sus propias necesidades, las que tenemos que conocer para poder servirnos de ella: durante toda mi intervención he tratado de la ciudad como un bien precioso, como un patrimonio y por consiguiente como algo más importante que un objeto interesante, algo que es mucho más que un contenedor de actividades, de estructuras, de monumentos, de memorias… Este objeto tan interesante como necesario para los seres humanos recibe un 'valor añadido' si la consideramos también como un paisaje y como un paisaje especial: un 'paisaje urbano', según la definición de la Convención Europea del Paisaje."

 

Creo que, cada vez que me he encontrado en los medios de comunicación la foto del posible Hotel Torre del Puerto de Málaga, he recordado estas palabras de la señora Storelli. Por lo tanto desearía compartir con ustedes estas modestas consideraciones sobre este inquietante proyecto. Sigo esperando poder hablar con alguien que me pueda convencer sobre la bondad del proyecto de este hotel. Quisiera estar equivocado pero mucho me temo que este establecimiento podría ser una segunda atrocidad urbanística gestada en la capital de la provincia. Por supuesto, es verdad que he encontrado a muchos ciudadanos que se sienten alarmados por este proyecto y las oscuras raíces que lo sustentan. Es impresionante la unanimidad en los argumentos de los que lo rechazan: argumentos que me llegan de amigos y compañeros del Consejo de Europa y de la Convención Europea del Paisaje y de valerosos y lúcidos periodistas, de colegas y maestros del mundo del turismo internacional. Sin olvidar a ilustres arquitectos y paisajistas y profesores de la Universidad de Málaga y de otras universidades andaluzas, ante los que nos descubrimos, y sobre todo de numerosos ciudadanos sensatos y con buen gusto. Según ellos, el posible hotel sería una atrocidad sin paliativos. Una pesadilla llegada de la noche de los tiempos del gilismo marbellí. La misma Marbella que se levantó, con valentía y con los anticuerpos de su larga lucha, en diciembre del 2013. Cuando desde el Ayuntamiento local nos anunciaron que se daría luz verde a la construcción de varios rascacielos en el término municipal. Al final prevaleció la cordura y aquella propuesta fue archivada.

 

El pasado 14 de octubre de 2017 la portada de un conocido diario provincial de Málaga nos anunciaba dos importantes noticias: "La Junta agiliza los trámites y da oxígeno al proyecto del hotel del puerto". El otro titular nos informaba que "La capital firma el mejor verano de su historia. La cifra de visitantes extranjeros supone ya más del 60% del total". Ambos artículos –excelentes– llevaban la firma de un prestigioso periodista: José Antonio Sau. Y ambos llevaban a la atención de los lectores una coincidencia que no dejaba de ser interesante. 

 

Por un lado, la amenaza de la que históricamente sería una segunda atrocidad turística –de la primera hablaremos a continuación– como la que representa para Málaga y para la provincia el proyecto del polémico hotel del puerto. Ya en manos municipales, por decisión de la Junta, en el papel ésta de un Pilatos institucional, pasando la responsabilidad exclusiva al Ayuntamiento malagueño. 

 

Volvamos a la otra noticia, la buena: las muy positivas cifras de este verano en cuanto a la afluencia de turistas extranjeros a la capital. No nos sorprende. Desde hace años la trayectoria ascendente de Málaga como una de las joyas de la Costa del Sol ha sido una emocionante historia de éxito. Éxito tan deslumbrante e inesperado como merecido. Un cúmulo de aciertos y decisiones inteligentes por parte de los responsables del Ayuntamiento malagueño y los empresarios turísticos nos ha permitido ser testigos de un fenómeno que siempre nos fascinará a los que hemos dedicado nuestra vida profesional al turismo: el constatar que es posible el transformar un lugar aparentemente mediocre y, por lo tanto invisible para los mercados turísticos, en un rutilante objeto del deseo. Es obvio que la nueva Málaga hasta ahora satisface plenamente las expectativas de nuestros visitantes. ¿Respondería positivamente a esas expectativas un edificio descomunal, ásperamente  agresivo y totalmente inapropiado para una milenaria y hermosa ciudad andaluza como es Málaga? Lo dudo.

 

Continuemos con la mala noticia. Opino que este posible hotel del puerto de Málaga sería una muy seria amenaza no sólo para nuestra capital, Málaga, sino para lugares como Marbella, constantemente en el punto de mira de aquellos que durante décadas han destruido auténticos tesoros paisajísticos y medioambientales de las costas españolas. Tampoco deberíamos olvidar  que el apoyo al proyecto por una teórica mayoría del Consistorio malagueño representaría la segunda vez que en la reciente historia del Ayuntamiento malacitano se comete un gravísimo atentado urbanístico contra los legítimos intereses de una de las más importantes provincias turísticas de España. 

 

La primera atrocidad a la que me refería fue la destrucción  en las décadas de los sesenta y los setenta -con una ferocidad que supera la de muchas colonizaciones depredadoras del siglo XIX- de los patrimonios culturales y naturales de aquel añorado Torremolinos, entonces una barriada de la capital. Pues es cierto que aquellas atrocidades,como la laminación del legendario Hotel Santa Clara y sus valiosísimos patrimonios históricos (hoy podría ser el más bello Relais & Château de España) fueron bendecidas, alentadas y autorizadas desde los mismos salones donde ahora debaten los munícipes malagueños. Que se tienen que enfrentar a la "patata caliente" del hotel del puerto, como nos informa el titular del diario citado. Entonces se tomaron unas decisiones lamentables. Incluso vergonzosas en muchos aspectos. Con un terrible coste final para un lugar maravilloso como Torremolinos. Como afirmé recientemente en un importante acto cívico en mi querido Torremolinos: "Después vinieron tiempos complicados. Se cometieron errores que pasaron factura. Y una vez más la buena gente de Torremolinos tuvo que demostrar, con su buen trabajo y muchas veces con su sacrificio personal, que valía la pena el luchar por recuperar el terreno perdido. Así se hizo. Hoy Torremolinos puede contemplar el futuro con confianza y con la satisfacción de haber hecho un buen trabajo. Su nombre simboliza de nuevo la excelencia de una gran ciudad turística. Y hay algo que lo confirma. No es una casualidad el que en este momento Torremolinos sea líder en pernoctaciones hoteleras, en una de las más importantes regiones turísticas de Europa, como es Andalucía. Enhorabuena por haberlo conseguido." 

Comentarios

    No hay ningun comentario.

Deja tu comentario

Para poder dejar un comentario debe ser usuario registrado. Crea una cuenta o inicia sesión